¿Es Lula da Silva un defensor a ultranza del laissez-faire?
Más allá de la vigencia de una amplísima apertura financiera, destinada a abaratar el rollover de la pesada deuda pública brasileña y que hizo de los bancos locales los grandes ganadores del modelo, hay que responder que no. Rotundamente. El capitalismo brasileño es uno de los más subsidiados del mundo y el Estado actúa como verdadero promotor de las empresas más grandes.
La tradicional tensión brasileña entre liberales y desarrollistas fue resuelta por Lula. Los primeros se quedaron con el manejo de las finanzas; los segundos, con el de la producción. Así, el actual gobierno profundizó la promoción de la creación de multinacionales propias y su penetración en la región. Lo hizo por dos vías: fomentando la fusión de compañías (la última, el mes pasado, entre Sadia y Perdigão, desde ahora Brasil Foods, el mayor productor de pollo del mundo, por caso); y a través de los préstamos blandos y a largo plazo del estatal Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES).
El BNDES entregó el año pasado créditos a baja tasa y largo plazo a empresas brasileñas (sobre todo grandes, pero también pymes) por casi u$s 40.000 millones, 43% más que en 2007. Algo similar a lo que se intenta aquí, a escala mucho menor y para escándalo del mismo establishment criollo que endiosa a Brasil, con los fondos de la Ansés.
El pase a manos brasileñas de firmas argentinas emblemáticas como Pérez Companc, Quilmes, Loma Negra, Acindar, Grafa, y Swift se explica justamente en dicha asociación entre el BNDES (el Estado) y las empresas grandes de Brasil.
Más allá de la vigencia de una amplísima apertura financiera, destinada a abaratar el rollover de la pesada deuda pública brasileña y que hizo de los bancos locales los grandes ganadores del modelo, hay que responder que no. Rotundamente. El capitalismo brasileño es uno de los más subsidiados del mundo y el Estado actúa como verdadero promotor de las empresas más grandes.
La tradicional tensión brasileña entre liberales y desarrollistas fue resuelta por Lula. Los primeros se quedaron con el manejo de las finanzas; los segundos, con el de la producción. Así, el actual gobierno profundizó la promoción de la creación de multinacionales propias y su penetración en la región. Lo hizo por dos vías: fomentando la fusión de compañías (la última, el mes pasado, entre Sadia y Perdigão, desde ahora Brasil Foods, el mayor productor de pollo del mundo, por caso); y a través de los préstamos blandos y a largo plazo del estatal Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES).
El BNDES entregó el año pasado créditos a baja tasa y largo plazo a empresas brasileñas (sobre todo grandes, pero también pymes) por casi u$s 40.000 millones, 43% más que en 2007. Algo similar a lo que se intenta aquí, a escala mucho menor y para escándalo del mismo establishment criollo que endiosa a Brasil, con los fondos de la Ansés.
El pase a manos brasileñas de firmas argentinas emblemáticas como Pérez Companc, Quilmes, Loma Negra, Acindar, Grafa, y Swift se explica justamente en dicha asociación entre el BNDES (el Estado) y las empresas grandes de Brasil.
La semana pasada el BNDES le prestó a Venezuela u$s 4.300 millones para obras de infraestructura que realizarán las grandes contratistas brasileñas. Negocio redondo.
Otro eje clave del desarrollo brasileño es su principal empresa, Petrobras. Ésta cuenta con importantes inversores privados, pero la mayoría del paquete accionario y su control operativo nunca han salido del Estado, que, además, a puesto ingentes sumas de dinero para su crecimiento e internacionalización. El resultado: un hasta hace unos años impensable autoabastecimiento de energía, proyección fuerte al exterior y un boom inversor que amplió enormemente las reservas petroleras del país.
Es decir, capitalismo sí, y a ultranza, pero a años luz de distancia del liberalismo que se le adjudica a Lula, aquí rubio y de ojos celestes para quienes admiran esas características físicas (no es el caso DNH, precisamente).
Otro eje clave del desarrollo brasileño es su principal empresa, Petrobras. Ésta cuenta con importantes inversores privados, pero la mayoría del paquete accionario y su control operativo nunca han salido del Estado, que, además, a puesto ingentes sumas de dinero para su crecimiento e internacionalización. El resultado: un hasta hace unos años impensable autoabastecimiento de energía, proyección fuerte al exterior y un boom inversor que amplió enormemente las reservas petroleras del país.
Es decir, capitalismo sí, y a ultranza, pero a años luz de distancia del liberalismo que se le adjudica a Lula, aquí rubio y de ojos celestes para quienes admiran esas características físicas (no es el caso DNH, precisamente).

