La campaña electoral iraní, que culmina en las cruciales elecciones de hoy, se caracterizó por un notable e inusual nivel de debate. Sin embargo, se engaña quien crea que en ese país rige una democracia plena, defensa que suelen ensayar quienes, por su condena a las repudiables políticas de Estados Unidos e Israel, adoptan la fórmula de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. El antiimperialismo no debería justificar que personas de izquierda reivindiquen un régimen fundamentalista, oscurantista, censor de ideas y violador de los derechos humanos.
Condenar esas prácticas no implica, claro, avalar los dislates de los “neocon”, sus ataques preventivos y su injerencia en la vida soberana de otros Estados. No se trata de defender alineamientos absurdos; lo que se debe defender es la vigencia de los derechos humanos, los viole Irán, Israel, Estados Unidos o el país que sea.
La elección de hoy es clave para que el régimen islamista defina si acepta la oferta de diálogo de Barack Obama, sobre todo en torno a su polémico programa nuclear, lo que alejaría algo los temores a una gravísima conflagración en Medio Oriente.
A continuación, tramos de un artículo que publica hoy Ámbito Financiero.

La revolución islámica de 1979 del ayatolá Rujolá Jomeini (foto) inauguró un régimen teocrático que con el tiempo se burocratizó en extremo, lo que hoy lo hace parecer mucho más una teocracia totalitaria que una democracia.
Irán tiene un presidente, un Parlamento y un Poder Judicial, pero son parte de un engranaje institucional complejo que tributa en su vértice superior en el «Veleyat e faqih», que se personifica en el llamado por Occidente «guía o líder espiritual», en los hechos vitalicio.
El líder espiritual (inicialmente Jomeini; hoy Alí Jamenei) nombra a seis de los doce miembros del Consejo de Guardianes de la Revolución, poderoso organismo que revisa todas las candidaturas a cargos electivos, lo que restringe al extremo la posibilidad de cambios políticos y, de hecho, pone un cepo a todo el sistema político. Por caso, para las elecciones presidenciales de hoy se habían presentado 475 candidatos (…). Llama la atención que sólo cuatro hayan pasado el proceso de revisión. En el camino quedaron, como siempre ha ocurrido, 42 mujeres. Otro dato: en las legislativas del año pasado, el Consejo vetó a casi tres mil candidatos, en su enorme mayoría reformistas.
Una prensa libre es un requisito básico de cualquier democracia. Pues bien, eso no existe en Irán. Durante la primavera que supusieron los dos mandatos del reformista Mohamed Jatamí (1997-2005), el Poder Judicial ordenó el cierre de decenas de diarios y revistas, política que arreció desde la llegada al poder del ultraislamista Mahmud Ahmadineyad hace cuatro años.
Reporteros sin Fronteras considera a Irán uno de los mayores «predadores» mundiales de la libertad de expresión.(En lo que hace al sistema legal iraní), el año pasado se aplicaron 346 condenas a muerte en el país, lo que lo convirtió en uno de los más duros del mundo.
Amnistía Internacional ha denunciado que los castigos suelen ser crueles e incluyen flagelaciones y amputaciones. Las condenas a muerte también pueden ser por lapidación, una costumbre que había caído en desuso en los años de Jatamí y que volvió con la restauración de Ahmadineyad.
Hasta mayo último, ya se habían practicado en el año 140 ejecuciones en Irán, algunas incluso de menores de edad. Según datos de Amnistía, sólo desde 1990 han sido condenadas a muerte al menos 42 personas acusadas por crímenes cometidos antes de la mayoría de edad.
AI denunció también la aplicación de torturas, persecuciones a minorías étnicas y una extendida discriminación contra las mujeres.
Irán es uno de los 80 países del mundo en los que la homosexualidad es ilegal, según datos de la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA), con sede en Bruselas. En el país, esa opción sexual es castigada con la horca. Acaso eso explique las declaraciones de Ahmadineyad en setiembre de 2005 en la Universidad de Columbia: «Nosotros no tenemos homosexuales», dijo ante la carcajada general.