El gobierno cubano entregó hoy una excelente noticia: el permiso a Hilda Molina para que viaje a la Argentina para reencontrarse con su su hijo, Roberto Quiñones, sus dos nietos y su madre de 90 años, lo que se concretará el domingo.
La Presidenta Cristina Kirchner y el canciller Jorge Taiana aceleraron las gestiones en las últimas horas, coronando las realizadas anteriormente por Néstor Kirchner y Rafael Bielsa, injustamente criticadas en su momento. Queda claro ahora que los esfuerzos en favor de la neuróloga cubana, impedida desde hace 15 años de salir de su país, rindieron frutos, aunque, claro, dentro de los tiempos morosos que impone La Habana.
La buena nueva es otro gesto de lenta apertura del gobierno de Raúl Castro, que responde a las gestiones que realizó la región (la Argentina incluida) en su favor en la reciente Asamblea General de la OEA.
Llega además en un momento de notoria debilidad económica de la isla, con caídas generalizadas en sus principales actividades: la exportación de níquel, tabaco y servicios turísticos. Rigen allí desde hace algunos días un duro programa de ahorro de energía y una reducción de la cantidad de alimentos subsidiados de la libreta que se entrega a la población. Situación que favorece el tendido de puentes con el exterior.
La satisfacción por este caso puntual no debe ocultar que Cuba sigue por ahora restringiendo el derecho de sus ciudadanos a salir del país, uno de sus políticas más criticadas, incluso dentro del régimen. Una violación de un principio básico que no debe dejarse pasar por alto, pero que conviene modificar más con políticas de acercamiento como las que practica actualmente la región (y hasta la Casa Blanca) que con los viejos arrebatos histéricos y extremistas.
Hay cada vez más elementos para esperanzarse con una apertura más decidida. Y, mientras tanto, cabe alegrarse por la familia Molina Quiñones.