Argumentando la defensa de los valores republicanos, los militares hondureños reaccionaron al llamado del presidente Manuel Zelaya a una consulta popular no vinculante para la reforma de la Constitución, en el modo que mejor conocen: secuestrándolo y tomando el poder. Esos viejos modos que se dejan de lado sólo mientras las papas no queman pero que vuelven, siempre vuelven.
Zelaya fue durante casi toda su trayectoria un líder de derecha, pero tras asumir el poder dio un brusco giro a la izquierda y trabó muy buenas relaciones con Hugo Chávez. Al avanzar hacia una reforma constitucional pretendía instalar la posibilidad de la reelección, tal como han hecho el propio Chávez, Evo Morales y Rafael Correa.
La consulta había sido rechazada por el Tribunal Supremo Electoral (el órgano natural de contralor del proceso), la Corte Suprema, el Congreso, la oposición política y el propio partido de Zelaya. Motivó además una abierta desobediencia militar, por lo que el mandatario destituyó al jefe del Estado Mayor de las FF.AA., Romeo Vásquez, quien fue luego restituido por el Congreso y la Corte. Al desconocer ambos poderes la decisión del ejecutivo y alinearse con los militares, en los hechos dieron vía libre al golpe. Como te imaginarás, Iglesia , empresariado y medios privados están en la coalición golpista.
Zelaya fue Costa Rica. Mientras la OEA se reúne de urgencia, EE.UU. no puede limitar sus acciones a una rutinaria condena. Barack Obama debe presionar por la restauración de Zelaya en el poder, so pena de agotar rápidamente su crédito personal.
«El embajador de Estados Unidos en Honduras debe aclarar si su país está o no detrás del golpe, porque si Estados Unidos no los apoya, los golpistas no podrán estar ni 48 horas en el poder», acaba de decir Zelaya desde San José.
Sólo mediante una defensa sin fisuras de la institucionalidad y un trabajo conjunto con los países de América Latina, que permita la restitución de Zelaya, Obama conservará la credibilidad de sus promesas acerca de un nuevo comienzo en las relaciones entre su país y la región. No hay lugar para medias tintas.