En medio de una postura unánime de todos los países de América, Hugo Chávez, Rafael Correa, Fernando Lugo y Cristina Kirchner se han mostrado como los más activos en el repudio al golpe en Honduras y en el apoyo al presidente depuesto, Manuel Zelaya. El primero lo hizo, inicialmente, con una disparatada amenaza de invasión militar y ayer con el despacho de un avión y una tripulación militar para el frustrado regreso de Zelaya a Tegucigalpa. Los otros tres, poniendo el cuerpo, al viajar a la zona y al ofrecerse como acompañantes ese retorno. Algo que afortunadamente no se dio, ya que los habría expuesto a críticas por haber participado en un operativo muy discutido en el seno de la OEA, destinado al fracaso y que motivó una represión del régimen que dejó dos muertos.
¿Qué une a Chávez, Correa, Lugo y Cristina? Básicamente, la situación política interna de cada uno, esto es el temor a verse forzados, por una vía u otra, a abandonar prematuramente el poder.
Chávez tiene aún fresco el golpe de abril de 2002, que lo sacó fugazmente del poder. El episodio, bastante similar al hondureño en su factura y en la alianza social que expresó (militares rebeldes, partidos opositores, empresariado, clase media, medios de comunicación), explica en buena medida su radicalización posterior y su decisión de 2004 de “salir del ropero” y declararse socialista. Para el bolivariano, el respaldo mayoritario de la población y la solidaridad de los gobiernos de la región son sus reaseguros de estabilidad en la medida en que el conflicto político permanece tan encarnizado como siempre. Chávez ve en Zelaya la amenaza de su propio destino. Algo similar puede decirse del ecuatoriano Correa, que, como su mentor, registra una popularidad tan elevada como intenso es el rechazo de quienes se le oponen. Para él, los peligros y los reaseguros son los mismos que para Chávez y Zelaya.
Fernando Lugo quedó seriamente dañado en lo político a partir del escándalo de sus paternidades en cadena. Sospechado de filochavista por las élites paraguayas, su suerte depende de mantener el delgado hilo que lo une todavía a un sector del principal partido de su coalición, el Liberal Radical Auténtico. Un Congreso cada vez más hostil prenuncia para él el riesgo de un desenlace a lo Honduras.
Podríamos sumar a la lista a Evo Morales, aunque su bajo perfil en la trama se explica por el limitado peso específico de Bolivia en la política regional, por el mayor protagonismo asumido por su protector Chávez y por su necesidad de concentrarse más esquivar la pedrea propia que en ayudar a frenar las ajenas.
¿Y Cristina Kirchner? Por un lado, ella ha hecho de la defensa de la democracia y los derechos humanos rasgos distintivos de su rol en la política regional. Pero, retomando el hilo, aunque su situación no es tan precaria como la de los mencionados, la derrota del 28 de junio y las perspectiva de un Congreso dominado por la oposición no calman precisamente los temores del kirchnerismo a una movida “destituyente”, tal como se viene denunciando desde hace más de un año a raíz del conflicto por las retenciones móviles.
Lo dijo la propia Presidenta el domingo en El Salvador: para ella, reaccionar contra la primera interrupción de la democracia hondureña desde 1982 “no es defender al presidente Zelaya sino defendernos a cada uno de nosotros”.
No podía haber sido más clara.
(Foto de Presidencia de la Nación).