José Pablo Feinmann publicó el domingo en Página/12 (como de costumbre) un artículo brillante (como de costumbre también). Una reflexión amplia, descarnada, amarga sobre el momento que se avecina para quienes –como dice- profesan el “amor a los desesperados”. Entre las muchas reflexiones valiosas que plantea allí, elijo ahora una, que comparto con ustedes:

Acabo de ver un documental que se llama “La ilusión del siglo”. El siglo fue el XX. Y la ilusión el socialismo. ¡Cómo la gozan los tipos que lo hicieron! Todo se hizo trizas. Los soviéticos ni hablar. Después la Revolución Cubana y los intentos guerrilleros en América latina. De Allende no hablan. Porque no pueden demostrar “que fracasó”. Ellos lo pulverizaron. Después, Vietnam. Porque los del sur se escapaban llorando y tristes deducen que Ho Chi Minh fracasó. Después Mao y los Guardias Rojos y la Revolución Cultural. Lo único que no fracasó es el capitalismo. Tienen razón. El capitalismo o el neoliberalismo (la derecha o eso a lo que se solía llamar así) ha triunfado en todas partes. Sin embargo, ¡qué triunfo extraño! Hace poco la Organización Mundial de la Salud informó que nunca en toda la historia de la Humanidad hubo más hambre en el mundo.

En rigor, la proyección es de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que presentó recientemente un anticipo De su informe 2009 sobre El estado de la inseguridad alimentaria mundial. No importa el detalle. Sí lo que plantea. Que el hambre en el mundo alcanzará un récord histórico en 2009, con un estimado de 1.020 millones de personas afectadas, la sexta parte de la humanidad. Que esto supone un incremento de 100 millones de personas en el ejército de los desesperados, para volver a la figura de Feinmann.
Que la situación es producto de la crisis económica mundial.
Sin embargo, habría que corregir en algo al organismo: la crisis agrava la tendencia atávica de un mundo injusto, que convive con niveles de riqueza y producción de alimentos jamás acumulados y, a la vez, con la miseria más indignante.
La FAO destaca que los progresos realizados en los años 80 y primera mitad de los 90 para reducir el hambre crónica en el mundo, pero reconoce que el flagelo volvió a crecer en la última década.
Estructuralmente incapaz de ir más allá de la fría contabilidad del desastre humanitario, de indagar en sus causas económicas y, sobre todo, políticas más profundas, la entidad de la ONU continúa: casi toda la población desnutrida del mundo vive en países en desarrollo; en la región Asia-Pacífico 642 millones de personas sufren hambre crónica; en el África subsahariana, 265 millones; en América Latina y el Caribe, 53 millones; en el norte africano y Medo Oriente, 42 millones. Y lo más impactante acaso: 15 millones de seres humanos sufren hambre en los países desarrollados.
¡Quince millones de personas sin comida en el mundo rico! «El marxismo murió», los “populistas” latinoamericanos son lo peor, la izquierda moderna es la que no cambia nada… Allá y acá, sabrá Dios qué festejan.

(Foto de Kevin Carter tomada en Sudán en 1993, ganadora del premio Pulitzer en 1994).