Está instalada en el país la expectativa de que la generación de una vacuna contra la gripe A permita el próximo invierno inmunizar a toda la población. Mientras, el gobierno nacional se esfuerza por lograr que, habida cuenta de la pandemia actual, los laboratorios cedan sus patentes, de modo de abaratar la producción del medicamento. Tal fue el reclamo que elevó el Mercosur en su última reunión de Asunción, liderado por la presidenta Cristina Kirchner. La idea es que eso destrabe la producción local de vacunas.
Muchos especialistas señalan que, en rigor, las patentes para la elaboración de vacunas antigripales ya están vencidas, dado que se trata de técnicas que datan de al menos cinco décadas y que, en este caso, lo único que cambia es la cepa del virus en base a la que se las debe preparar, lo que, de hecho, se da año a año con la influenza estacional.
Se trata de una cuestión que habrá que explorar con atención, ya que será muy difícil que, con las reglas de juego actuales, un país como la Argentina pueda inmunizar a la mayoría de su población. Por disponibilidad de dosis y por costos. Veamos qué pasa en el mundo.
Según se ha anunciado, sólo países pequeños y muy ricos como Hong Kong y Singapur se han planteado vacunar a la totalidad de sus poblaciones. Para el resto, incluidos los más desarrollados de Europa y América del Norte, el panorama es más difícil.
Gran Bretaña es, en ese grupo, el país que ha anunciado planes más ambiciosos. Planea adquirir antes del próximo invierno boreal 90 millones de dosis, y cuenta con una población de 60 millones. Sin embargo, la necesidad de aplicar a cada persona dos dosis para su correcta inmunización deja entrever que se privilegiará a los grupos más vulnerables y que para la población en general se adoptará un esquema voluntario. No habrá para todos.
Así, EE.UU., la gran superpotencia económica, planea vacunar al 50% de su población de 300 millones. Francia, más ambiciosa y con una población mucho menor de 65 millones de habitantes, al 75%.
Con menos recursos pero aun dentro del mundo rico, Italia y España prevén vacunar al 40% de su gente.
En Alemania, la campaña cubrirá al 20% de las personas, unas 25 millones de personas sobre una población total de 82 millones.
En la Unión Europea se espera que haya 60 millones de contagiados el próximo invierno.
En tanto, las grandes potencias emergentes, China e India, con 1.300 millones y 1.100 millones de habitantes respectivamente y con vastas poblaciones rurales de difícil acceso, vacunarán apenas al 1%.
¿Y cuánto costará todo esto? Novartis estima que la vacuna costará al menos entre u$s 10 y u$s 15 la dosis (recordemos que se necesitan dos por persona), y más todavía para pedidos pequeños.
¿Y Argentina? Sus 40 millones de habitantes requerirían, con estas reglas de juego y en el mejor de los casos, u$s 800 millones en un año. Aun si se lo pudiera pagar (obviamente buena parte de ese dinero terminaría siendo pagado por las personas en condiciones de hacerle frente al gasto), ¿habrá vacunas suficientes en el mundo? La capacidad actual de producción alcanza a unas 2.000 millones de dosis por año, contra una población mundial de 6.500 millones de personas.
Muchos especialistas señalan que, en rigor, las patentes para la elaboración de vacunas antigripales ya están vencidas, dado que se trata de técnicas que datan de al menos cinco décadas y que, en este caso, lo único que cambia es la cepa del virus en base a la que se las debe preparar, lo que, de hecho, se da año a año con la influenza estacional.
Se trata de una cuestión que habrá que explorar con atención, ya que será muy difícil que, con las reglas de juego actuales, un país como la Argentina pueda inmunizar a la mayoría de su población. Por disponibilidad de dosis y por costos. Veamos qué pasa en el mundo.
Según se ha anunciado, sólo países pequeños y muy ricos como Hong Kong y Singapur se han planteado vacunar a la totalidad de sus poblaciones. Para el resto, incluidos los más desarrollados de Europa y América del Norte, el panorama es más difícil.
Gran Bretaña es, en ese grupo, el país que ha anunciado planes más ambiciosos. Planea adquirir antes del próximo invierno boreal 90 millones de dosis, y cuenta con una población de 60 millones. Sin embargo, la necesidad de aplicar a cada persona dos dosis para su correcta inmunización deja entrever que se privilegiará a los grupos más vulnerables y que para la población en general se adoptará un esquema voluntario. No habrá para todos.
Así, EE.UU., la gran superpotencia económica, planea vacunar al 50% de su población de 300 millones. Francia, más ambiciosa y con una población mucho menor de 65 millones de habitantes, al 75%.
Con menos recursos pero aun dentro del mundo rico, Italia y España prevén vacunar al 40% de su gente.
En Alemania, la campaña cubrirá al 20% de las personas, unas 25 millones de personas sobre una población total de 82 millones.
En la Unión Europea se espera que haya 60 millones de contagiados el próximo invierno.
En tanto, las grandes potencias emergentes, China e India, con 1.300 millones y 1.100 millones de habitantes respectivamente y con vastas poblaciones rurales de difícil acceso, vacunarán apenas al 1%.
¿Y cuánto costará todo esto? Novartis estima que la vacuna costará al menos entre u$s 10 y u$s 15 la dosis (recordemos que se necesitan dos por persona), y más todavía para pedidos pequeños.
¿Y Argentina? Sus 40 millones de habitantes requerirían, con estas reglas de juego y en el mejor de los casos, u$s 800 millones en un año. Aun si se lo pudiera pagar (obviamente buena parte de ese dinero terminaría siendo pagado por las personas en condiciones de hacerle frente al gasto), ¿habrá vacunas suficientes en el mundo? La capacidad actual de producción alcanza a unas 2.000 millones de dosis por año, contra una población mundial de 6.500 millones de personas.
Para nuestro país, lo mejor parece revisar la legislación local e internacional en materia de patentes, movilizar recursos científicos (humanos y tecnológicos) y seguir manteniendo la guardia alta en materia de prevención y tratamiento hospitalario, porque una inmunización total de la población puede demorar años.
¿Deberá forzar un cambio de las reglas de juego? La salud pública está de por medio.

