Tan proclives a los bandeos emocionales, los argentinos sentimos (desde el sábado con algún fundamento) que, con Brasil, ya no hay parangón ni siquiera en fútbol. Exageraciones: Estudiantes acaba de demostrar lo contrario y esperen que Boquita se ponga en forma… El problema es que en cuestiones más serias como el protagonismo internacional y la capacidad de liderar la región, el sentimiento es el mismo, lo que supone no sólo un abandono de la manera en la que nuestro país se ha mirado tradicionalmente a sí mismo sino un recorte de su proyección de desarrollo económico. Un recorte por demás arbitrario, dado que reconocer la superioridad territorial, poblacional y productiva del evcino no debe implicar que uno de los países más importantes de América Latina, el nuestro, deba asumirse como un enano político y económico.
Esta vez el tema pasa por los fenomenales acuerdos de compra de armas que el vecino acaba de cerrar con Francia, u$s 14.000 millones destinados a cinco submarinos (uno nuclear), 50 helicópteros, 36 cazas, misiles, fragatas y corbetas. Impactante.
Muchos en nuestro país activarán sus reflejos ultranacionalistas y harán despertar el reflejo dormido de la vieja competencia argentino-brasileña. No es nuestro caso. Pero sí, a la luz del modo en que el país vecino se convierte en una máquina de aspirar inversiones, poder diplomático e influencia global, creemos que debe disparar algunas preguntas. ¿Cómo se ve a sí misma la Argentina de cara a futuro en el concierto regional e internacional? ¿Como un enano irredimible, derivación del duradero golpe a la autoestima que significó la crisis de 2001-2002? ¿Cómo un socio menor de Brasil, al estilo de Canadá con Estados Unidos, tal como propuso en la última campaña el diputado reelecto Francisco de Narváez? ¿O como un socio con vocación de merecer un trato igualitario, al estilo de Francia con Alemania, que permitió a esas dos naciones convertirse en el eje de la integración europea?
Mediante su acuerdo con Francia, Brasil busca una serie de objetivos:

  1. Recuperar la supremacía militar en la región frente a Colombia y Chile (Venezuela está lejos de ser una amenaza).
  2. Tras rechazar las ofertas de armas estadounidenses y optar por las francesas, enviar un mensaje potente a Washington: la recreación de la IV Flota y el polémico pacto por las bases en Colombia hace que la potencia del Norte sea visto más como una amenaza y un rival que como un socio pleno.
  3. Dejar claro que peleará por la primacía militar en la región, tanto en lo operativo y como en lo comercial.
  4. Reforzar la protección de la Amazonia y del litoral atlántico, donde yacen sus nuevas y cuantiosas riquezas petroleras.

Pero todo lo anterior, tendrá una serie de consecuencias:

  1. La trasferencia de tecnología permitirá a la industria de armas de Brasil dar un salto cualitativo y, con esto, exportar (como socia de Francia) en la región, dándoles pelea a Estados Unidos y a Rusia.
  2. Desarrollo industrial: la unidad de propulsión nuclear del submarino será local y en los astilleros se dará participación a empresas como Odebrecht.
  3. ¿Hay un protocolo nuclear secreto? Analistas de temas militares y dirigentes del PT hablan de reactivar el plan de construcción de la bomba atómica (lo que describen como central para un país con aspiraciones de potencia global) y de no firmar nada que comprometa más a Brasil en el marco del TNP. Recordemos que la desactivación de los respectivos planes nucleares con fines militares y de los proyectos misilísticos como el Cóndor fueron la clave de la distensión bilateral en los 80 y de la posterior integración en el marco del Mercosur.

¿Y Argentina? La prensa local se ha dedicado, con algunas salvedades, a destacar lo admirable de las políticas de Estado de Brasil, su fortaleza y liderazgo, y la clarividencia de Lula da Silva. Todo para decir que somos un desastre y que los Kirchner no dan la talla. (Casi) nadie ha reparado en que esto activará las voces que vienen denunciando el retraso de las Fuerzas Armadas argentinas, el magro presupuesto militar de menos del 1% del PBI, la nula renovación de equipos y la imposibilidad de garantizar la soberanía nacional ampliada en el Atlántico de acuerdo con lo dispuesto por la Convención del Mar. Y, como subproducto, queda la pelea en ciernes entre EE.UU., Francia y Rusia por reequipar al ejército nacional.
Insistimos: nada más lejos que nosotros que plantear la urgencia de comprar juguetes de guerra para competir con Brasil y Chile, con los que, además, no tenemos hoy ninguna hipótesis de conflicto. Sería absurdo e inmoral, en medio de tanta miseria, destinar fortunas a ese fin. Pero sí creemos que lo que sucede en una región que ha duplicado su gasto militar en los últimos cinco años y que se alarma por la reactivación de la IV Flota y el problema de las bases en Colombia, son elementos que ameritan una reflexión diferente, una renovada insistencia por fortalecer los mecanismos de cooperación y confianza mutua, un pedido de aclaraciones a Brasil sobre sus eventuales planes nucleares (embrionarios y aún sujetos a mil periones encontradas) y una renovada militancia por apaciguar los conflictos regionales.
En definitiva, ser un poco más serios.