Después de la conferencia de prensa improvisada en la que dijo no acordarse lo que había dicho sobre los Kirchner, los radicales y la Argentina, Pepe Mujica eligió excusarse en su blog. Dice que lo que afirmó fueron frivolidades, bolazos y comentarios sarcásticos propios de una conversación extensa con el periodista, quien termina como el culpable de sus exabruptos. Matar al mensajero, como se dice. Era esperable.
Pero la disculpa (que uno no le pide, en realidad, sino que él se empeña en brindar) no va al fondo de la cuestión, sino que hace a las formas. Cuentas que cobrará o pagará en las elecciones presidenciales, al cabo, y tema de los hermanos uruguayos.
Pero la disculpa (que uno no le pide, en realidad, sino que él se empeña en brindar) no va al fondo de la cuestión, sino que hace a las formas. Cuentas que cobrará o pagará en las elecciones presidenciales, al cabo, y tema de los hermanos uruguayos.
Eso sí, en medio de tantas críticas que en los últimos años llegan desde la otra orilla (muchas merecidas, seguramente), por lo menos sería bueno que se reconozca alguna vez que este país nuestro, corrupto según Batlle y patotero, histérico y más según Mujica, ha sido siempre acogedor y generoso con los orientales. Un mimo entre tatos palos no vendría mal.
Tal como viene la mano, no parece que la explicación de José Mujica vaya a ser la última. ¿Ve, Pepe?: ahí tiene un buen argumento para usar en la próxima. Y, tranquilo, nadie le pedirá que llore como Batlle.


Es una làstima que el hermano menor de sudamèrica sea tan acomplejado.