Pasó desapercibido en los medios locales el duro ataque que realizó el presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Manuel Lussich, a la política de Tabaré Vázquez para el sector. Puntualmente, el dirigente criticó la política oficial como lesiva para los intereses del campo, sobre todo por el atraso cambiario, que hace que las exportaciones de carne y granos rindan poco en pesos.
Curioso: se quejan de lo mismo que muchos analistas advirtieron que podría ocurrir en nuestro país si se eliminaran las retenciones. Según ese razonamiento, si ese gravamen cayera (y el Estado dejara de apropiarse -y, con ello, de sacar de circulación- una parte importante de los dólares que ingresan al país), el tipo de cambio caería con fuerza, tal como ocurre en Brasil y en Uruguay, el caso que nos ocupa. Así, se completaba el argumento, con más dólares circulando en el mercado, la rentabilidad efectiva en pesos de los productores caería en una medida equivalente al beneficio que obtendrían por la desgravación.
Claro, nadie escuchaba porque transitábamos los días más frenéticos de la pelea por las retenciones móviles. En lugar de razonar, muchos presentaban a Uruguay y a Brasil como ejemplos de países con políticas procampo, sin retenciones, para lo que entrevistaban a José Mujica (ex ministro del área de Vázquez) como ejemplo de moderación y pragmatismo que no le reconocen sus compatriotas empresarios. ¿Será que desconocían o que ocultaban esas tensiones que dividían a nuestros vecinos?
No hace falta extender en el hecho de que un tipo de cambio competitivo (no «recontraalto», como alguna vez se prometió) es un «subsidio» que la sociedad (en tanto compuesta por consumidores) transfiere a los sectores productivos para facilitar las exportaciones y reducir las importaciones, protegiendo de ese modo el mercado interno y la creación de empleo.
Pero volviendo al caso uruguayo, llama la atención que el Lussich, quien se expresó de ese modo el sábado en el acto de cierre de la feria Rural del Prado (el equivalente oriental de «nuestra» Exposición Rural), culpara del atraso cambiario a la política oficial de aumento del gasto público.- ¿Suena de algún lado?
El problema es que se trata de un diagnóstico absurdo, ya que el exceso de gasto debería, al incrementar el circulante de moneda local, producir un aumento en la cotización del dólar. Nunca al revés.
El espectro de la candidatura de José Mujica atormenta a la ARU, que, en previsión de un posible triunfo frenteamplista, reclamó «reglas claras» para sostener la inversión y más «seguridad jurídica». Conocida música rioplatense, parece.
El actual ministro de Ganadería uruguayo, Ernesto Agazzi, debió salir a corregir la curiosa macroeconomía del líder patronal. La caída del dólar -explicó didáctico- se da por «hechos ajenos y externos al país», ya que «cuando al país le va bien, el peso uruguayo se aprecia».