Who are you, Obama? Obama one, Obama two?”, preguntó ayer Hugo Chávez ante la Asamblea General de la ONU. “Hay una pugna entre el Departamento de Estado y el Pentágono. El Pentágono no quiere a Obama, no quiere cambios, quiere dominar al mundo con sus militares (…) Está detrás del golpe en Honduras”, agregó.
Sea o no por la interna que menciona Chávez, lo cierto es que el Presidente de Estados Unidos muestra un rato un rostro amable, idealista y tendiente a la cooperación. Al otro, parece poco dispuesto a modificar aspectos estructurales de la política exterior estadounidense que vienen de la era Bush y de mucho más atrás, y que tienen que ver con el rol de hiperpotencia de ese país.
Nuestra visión no abona las teorías de las internas ni las de la indecisión del demócrata. Estados Unidos es lo que es, un país dominante con intereses globales, que, como tales, entran en colisión con los de naciones periféricas. Por mucho que Obama aspire a la cooperación, la “realidad” de los intereses estadounidenses (al menos tal como los percibe el establishment de Washington) se impondrá y la Casa Blanca terminará exhibiendo sus músculos al mundo.
Estos contrastes se dejaron ver con nitidez en las últimas 24 horas. Ayer, Obama presidió una sesión del Consejo de Seguridad histórica, justamente, por la presencia del Presidente de los estados Unidos. El resultado fue la Resolución 1.887 que dice apuntar a un mundo libre de armas nucleares. Claro, la norma no es vinculante sino un mero llamamiento a que los países dotados de arsenales atómicos los vayan reduciendo, a que los signatarios del Tratado de No Proliferación no lo abandonen y a que quienes están afuera lo firmen. Retórica pura.
Hace un rato, después de que Irán hubo anunciado la existencia de una segunda central nuclear que hasta ahora había mantenido en secreto, Obama puso el grito en el cielo, en forma de ultimátum, junto a Gordon Brown y Nicolas Sarkozy en la cumbre del Grupo de los 20 de Pittsburgh. Lo no mencionado por la Resolución 1.887 estalló ante sus ojos menos de un día después.
¿Cómo seguirá la película? ¿Aceptará Estados Unidos la emergencia de un Irán dotado de armas nucleares? ¿Apelará a las sanciones hasta que éstas fracasen? ¿Se sumará a la propuesta guerrera del gobierno de Israel? En definitiva: ¿en cuánto diferirá y en cuánto se terminará pareciendo a George W. Bush? Se levantan apuestas.