A propósito del comentario de un lector, lamentablemente anónimo (¡cuánto enriquecería la discusión que todos nos identificáramos!), me pareció interesante ampliar porqué digo que el kirchnerismo no tiene nada que ver con el chavismo. En la entrada en cuestión me refería a la política exterior de la Argentina, y cómo el discurso de Cristina Kirchner ante el Asamblea General de las Naciones Unidas ilustró claramente la intención de acercar posiciones con Estados Unidos, coherente, por otra parte, con la decisión oficial de negociar con el FMI, el Club de París y los tenedores de bonos que no entraron al canje de 2005. Es buena idea comparar también ambos fenómenos políticos en sus facetas internas, ya que la idea del lector de que “la política argentina tiene mucho en lo interno de chavismo” está muy difundida. Para mi gusto demasiado, y sólo en base a slogans y consignas vacías.
¿Por qué digo que el kirchnerismo no tiene nada que ver con el chavismo? Parto de conocer bien qué ha hecho Hugo Chávez desde su acceso al poder en 1998/1999. Lo entrevisté en 1994, cuando llegó al país invitado por el Grupo Albatros, recién salido de la cárcel gracias al indulto por el que Rafael Caldera perdonó la condena que le había correspondido por su intento de golpe de Estado. Era un militar nacionalista más, con un discurso populista (con el término quiero señalar lo difuso y no ideológico de su apelación a lo popular), anticorrupción y anticastrista. Yo era muy joven, pero el hombre me generó la sensación de que algún lugar le tenía reservado la historia, por lo que desde entonces lo he observado con interés.
Seguí su intento inicial de refundar Venezuela, sus apelaciones a Simón Bolívar, el intento de golpe de 2002, su radicalización posterior, su “descubrimiento” del socialismo recién en 2004, los hechos recientes… Un proceso vertiginoso y muy cambiante, que debemos juzgar por sus resultados y sus tendencias más recientes. Vamos a eso.
Con toda honestidad, y sin querer agredir a nadie, tengo la impresión de que quienes homologan chavismo y kirchnerismo o no conocen a uno o no conocen a otro (o a ninguno de los dos). Gato y perro son ambos animales y tienen cuatro patas y cola, pero no son lo mismo. Tal es lo que ocurre en el caso que nos ocupa.
En Venezuela Chávez ha estatizado el agua, la luz, la telefonía, bancos privados líderes, todos los joint-ventures petroleros de la Faja del Orinoco, siderúrgicas, procesadoras de café y alimentos, etcétera, etcétera. Tiene, en tanto se define hoy como socialista, una vocación claramente estatista.
El kirchnerismo ha estatizado el Correo, el agua, Aerolíneas Argentinas y el sistema previsional. Esto último era un pedido a gritos de casi todo el arco político y, diría más, del sentido común. Eso de que el estado entregara a los bancos los aportes previsiones para luego incurrir en déficits que se cubrían pidiéndoles prestados aquellos mismos fondos a los bancos beneficiados era un disparate sin destino. Un clamor similar se concentraba en torno a la aerolínea de bandera.
Por otro lado, el Correo, Aguas Argentinas y Aerolíneas fueron tres estatizaciones casi a la fuerza, debidas al fracaso rotundo de la gestión privada y que de ningún modo, creo, denotan una voluntad estatista general del gobierno. Ahí siguen, intangibles, las telefónicas, las eléctricas, la distribución de gas, el petróleo… En la última campaña electoral se hablaba de una ola nacionalizadora chavista, una pavada que no resistió ni cinco minutos.
Se alegaba también la amenaza que suponía que la ANSES entrara en los directorios de empresas privadas a partir de la tenencia de acciones que le generó el traspaso de las AFJP. ¿Qué pasó con esa sombra ominosa? Nada de nada.
Así, el chavismo es ampliamente estatista y el kirchnerismo no, y serás vos quien juzgue si una u otra cosa es lo correcto. Me limito aquí a decir que hablamos de procesos muy, muy diferentes.
En manejo de la política económica, se argumenta desde algunas posiciones que ambos gobiernos “se exceden” en el gasto público y en su desprecio por la inflación. Si eso es así, Perón fue chavista avant la lettre, Alfonsín ídem, Obama lo es hoy. Acierto o error de política económica, el argumento es bastante pobre como para constatar afinidades contundentes.
Por otro lado, Chávez impuso en Venezuela un control de cambios (que establece una cotización oficial, deja lugar para un dólar paralelo y condiciona a los importadores con la necesidad de pedir solicitudes formales de divisas al Banco Central), y en Argentina rige una “flotación sucia” o administrada. Encima, el dólar oficial venezolano es casi la mitad del paralelo, lo que beneficia las importaciones. Mientras, Argentina ha mostrado (con oscilaciones, es cierto) una voluntad de mantener un tipo de cambio competitivo, eje de una política industrial que, en el caso de, bolivariano, se limita a nacionalizar compulsivamente industrias.
Chávez ha cancelado decenas de licencias de radio y TV por caducidad de los contratos o errores formales. Aquí, Néstor Kirchner prorrogó las licencias por decreto y se tolera, por caso, que un legislador posea radios y emisoras de TV abierta y de cable cuando la ley vigente lo impide. Ahora se avanza con una ley de medios audiovisuales, un camino muy diferente y que, según creo, de ningún modo conculca la libertad de expresión.
En la misma línea, Chávez exploró y retiró por falta de acuerdo dentro de su propia tropa un proyecto de ley de “delitos mediáticos”. Mientras, Argentina despenaliza las calumnias y las injurias.
Chávez se lleva a las patadas con EE.UU., y la Argentina no. Él expulsó a la DEA, y Argentina es uno de los países del continente que más y mejor coopera en materia de narcotráfico (dicho esto repetidamente por la Casa Blanca, con Bush o con Obama). Chávez tiene relaciones más que tirantes con la comunidad judía y se abraza con el iraní Mahmud Ahmadineyad; Cristina Kirchner, al revés, fue al acto por el aniversario del atentado a la AMIA y condenó al iraní en la ONU por no ayudar en la investigación, por no extraditar a sospechosos y por su negación del Holocausto.
Hugo Chávez acosa judicialmente a sus opositores, con lo que ha logrado apartar a varios de ellos de los procesos electorales. Acá cualquiera es candidato y le gana al oficialismo. Cuando le tocó perder alcaldías importantes, como la de la propia Caracas, Chávez creó una “supraalcaldía” dependiente de la Presidencia, con lo cual vació de contenido el cargo del opositor elegido en las urnas. A Mauricio Macri eso no le ha pasado, que se sepa.
No pretendo haber hecho una contabilidad minuciosa de las diferencias. Hay otras, como también podrá haber alguna similitud. Son, al fin y al cabo, experiencias producto de la evolución política de dos sociedades diferentes. No es necesario que el kirchnerismo sea chavista para que los anti K piensen como lo hacen.
Espero, al menos, haber contribuido con aquellos que se sienten tan hartos como yo de los slogans sin sentido. Aunque aquel lector (y tantos, tantos otros, seguramente) sigan pensando que soy yo el que dice estupideces.
¿Por qué digo que el kirchnerismo no tiene nada que ver con el chavismo? Parto de conocer bien qué ha hecho Hugo Chávez desde su acceso al poder en 1998/1999. Lo entrevisté en 1994, cuando llegó al país invitado por el Grupo Albatros, recién salido de la cárcel gracias al indulto por el que Rafael Caldera perdonó la condena que le había correspondido por su intento de golpe de Estado. Era un militar nacionalista más, con un discurso populista (con el término quiero señalar lo difuso y no ideológico de su apelación a lo popular), anticorrupción y anticastrista. Yo era muy joven, pero el hombre me generó la sensación de que algún lugar le tenía reservado la historia, por lo que desde entonces lo he observado con interés.
Seguí su intento inicial de refundar Venezuela, sus apelaciones a Simón Bolívar, el intento de golpe de 2002, su radicalización posterior, su “descubrimiento” del socialismo recién en 2004, los hechos recientes… Un proceso vertiginoso y muy cambiante, que debemos juzgar por sus resultados y sus tendencias más recientes. Vamos a eso.
Con toda honestidad, y sin querer agredir a nadie, tengo la impresión de que quienes homologan chavismo y kirchnerismo o no conocen a uno o no conocen a otro (o a ninguno de los dos). Gato y perro son ambos animales y tienen cuatro patas y cola, pero no son lo mismo. Tal es lo que ocurre en el caso que nos ocupa.
En Venezuela Chávez ha estatizado el agua, la luz, la telefonía, bancos privados líderes, todos los joint-ventures petroleros de la Faja del Orinoco, siderúrgicas, procesadoras de café y alimentos, etcétera, etcétera. Tiene, en tanto se define hoy como socialista, una vocación claramente estatista.
El kirchnerismo ha estatizado el Correo, el agua, Aerolíneas Argentinas y el sistema previsional. Esto último era un pedido a gritos de casi todo el arco político y, diría más, del sentido común. Eso de que el estado entregara a los bancos los aportes previsiones para luego incurrir en déficits que se cubrían pidiéndoles prestados aquellos mismos fondos a los bancos beneficiados era un disparate sin destino. Un clamor similar se concentraba en torno a la aerolínea de bandera.
Por otro lado, el Correo, Aguas Argentinas y Aerolíneas fueron tres estatizaciones casi a la fuerza, debidas al fracaso rotundo de la gestión privada y que de ningún modo, creo, denotan una voluntad estatista general del gobierno. Ahí siguen, intangibles, las telefónicas, las eléctricas, la distribución de gas, el petróleo… En la última campaña electoral se hablaba de una ola nacionalizadora chavista, una pavada que no resistió ni cinco minutos.
Se alegaba también la amenaza que suponía que la ANSES entrara en los directorios de empresas privadas a partir de la tenencia de acciones que le generó el traspaso de las AFJP. ¿Qué pasó con esa sombra ominosa? Nada de nada.
Así, el chavismo es ampliamente estatista y el kirchnerismo no, y serás vos quien juzgue si una u otra cosa es lo correcto. Me limito aquí a decir que hablamos de procesos muy, muy diferentes.
En manejo de la política económica, se argumenta desde algunas posiciones que ambos gobiernos “se exceden” en el gasto público y en su desprecio por la inflación. Si eso es así, Perón fue chavista avant la lettre, Alfonsín ídem, Obama lo es hoy. Acierto o error de política económica, el argumento es bastante pobre como para constatar afinidades contundentes.
Por otro lado, Chávez impuso en Venezuela un control de cambios (que establece una cotización oficial, deja lugar para un dólar paralelo y condiciona a los importadores con la necesidad de pedir solicitudes formales de divisas al Banco Central), y en Argentina rige una “flotación sucia” o administrada. Encima, el dólar oficial venezolano es casi la mitad del paralelo, lo que beneficia las importaciones. Mientras, Argentina ha mostrado (con oscilaciones, es cierto) una voluntad de mantener un tipo de cambio competitivo, eje de una política industrial que, en el caso de, bolivariano, se limita a nacionalizar compulsivamente industrias.
Chávez ha cancelado decenas de licencias de radio y TV por caducidad de los contratos o errores formales. Aquí, Néstor Kirchner prorrogó las licencias por decreto y se tolera, por caso, que un legislador posea radios y emisoras de TV abierta y de cable cuando la ley vigente lo impide. Ahora se avanza con una ley de medios audiovisuales, un camino muy diferente y que, según creo, de ningún modo conculca la libertad de expresión.
En la misma línea, Chávez exploró y retiró por falta de acuerdo dentro de su propia tropa un proyecto de ley de “delitos mediáticos”. Mientras, Argentina despenaliza las calumnias y las injurias.
Chávez se lleva a las patadas con EE.UU., y la Argentina no. Él expulsó a la DEA, y Argentina es uno de los países del continente que más y mejor coopera en materia de narcotráfico (dicho esto repetidamente por la Casa Blanca, con Bush o con Obama). Chávez tiene relaciones más que tirantes con la comunidad judía y se abraza con el iraní Mahmud Ahmadineyad; Cristina Kirchner, al revés, fue al acto por el aniversario del atentado a la AMIA y condenó al iraní en la ONU por no ayudar en la investigación, por no extraditar a sospechosos y por su negación del Holocausto.
Hugo Chávez acosa judicialmente a sus opositores, con lo que ha logrado apartar a varios de ellos de los procesos electorales. Acá cualquiera es candidato y le gana al oficialismo. Cuando le tocó perder alcaldías importantes, como la de la propia Caracas, Chávez creó una “supraalcaldía” dependiente de la Presidencia, con lo cual vació de contenido el cargo del opositor elegido en las urnas. A Mauricio Macri eso no le ha pasado, que se sepa.
No pretendo haber hecho una contabilidad minuciosa de las diferencias. Hay otras, como también podrá haber alguna similitud. Son, al fin y al cabo, experiencias producto de la evolución política de dos sociedades diferentes. No es necesario que el kirchnerismo sea chavista para que los anti K piensen como lo hacen.
Espero, al menos, haber contribuido con aquellos que se sienten tan hartos como yo de los slogans sin sentido. Aunque aquel lector (y tantos, tantos otros, seguramente) sigan pensando que soy yo el que dice estupideces.


Totalmente de acuerdo.Yo puntualicé algunas diferencias en lo que se refiere al Proyecto de Ley de Servicios Audiovisuales y a las regulaciones existentes en Venezuela.Diría (con lo que contás del tipo de cambio) que en alguna medida lo de Chávez es mas mercado internista y lo de Kirchner mas exportador y desarrolista, sin perjuicio de las diferencias ideológicas que apuntás y que redundan en las decisiones prácticas
Vi lo tuyo, la comparación en el tema medios, por cierto muy bueno. No diría que uno sea más mercado internista que el otro: tené en cuenta que la actividad petrolera es excluyente en Venezuela, que importa casi todo lo demás, desde comida hasta electrónicos. Saludos.