Los próximos meses, no mucho más que eso, determinarán si los planes más importantes de Barack Obama en política internacional son la obra de un demiurgo genial capaz de trocar la confrontación en cooperación o la de un idealista ingenuo que aún debe darse un copioso baño de realidad.El tema, claro, es el plan nuclear de Irán y la reunión prometedora (no más, no menos) que mantuvieron el jueves en Suiza representantes de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania (5+1) con los delegados de la República Islámica.El propio presidente de los Estados Unidos dijo que espera ver pasos concretos de los iraníes, concretamente que en no más de dos semanas permitan el acceso de los inspectores de la ONU a sus plantas, sobre todo a la de Qom, que mantuvieron sospechosamente en secreto hasta hace poco. Allí debe comenzar un minué de pasos de delicada secuencia, en el que, si todo sale bien, Irán deberá ganarse la confianza de la comunidad internacional y demostrar que su programa atómico no tiene fines militares.Ello tendría, además (tal es la apuesta de Obama), efectos virtuosos en la política regional, ya que ayudaría a desactivar el conflicto palestino-israelí a través de la neutralización de los brazos armados de Teherán en la región: el libanés Hizbulá y el palestino Hamas. ¿Demasiado bueno para ser cierto?Obama advirtió a Irán contra cualquier intento dilatorio, pero lo que no dijo lo expuso con claridad el número dos del Pentágono, Alexander Vernshbow: la paciencia de Estados Unidos es a plazo fijo. “Debemos alcanzar progresos hasta fin de año. En caso contrario nos vamos a ver obligados a aplicar medidas más serias, incluido el endurecimiento de las sanciones”. En ese caso, comenzaría otro minué, más áspero, que en un caso extremo podría llevar incluso al uso de la fuerza.El plazo de fin de año que citó Vernshbow es sugestivo. Tanto el actual primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, como su antecesor, Ehud Olmert, han aceptado a regañadientes la estrategia dialoguista de Obama hacia Irán, pero a cambio de que la misma no sea indefinida en el tiempo. Ambos insistieron en que para el final de 2009 debe haber una idea clara sobre si la misma lleva a algún lado o es una trampa, en cuyo caso volverán a poner sobre la mesa la opción militar. Creen que, desde lo tecnológico, Teherán tiene todo listo para construir “la bomba” no bien lo ordene su líder espiritual, Alí Jamenei.Teherán sabía muy bien lo que hacía cuando, en vísperas de la reunión del jueves, retomó una vieja propuesta de Rusia (el país más «comprensivo» con sus intereses del 5+1): el enriquecimiento de uranio al 20% fuera de territorio iraní. Con ello intenta fracturar el frente internacional en caso de que Estados Unidos vuelva a insistir con un recrudecimiento de las sanciones económicas, las que, dicho sea de paso, hasta aquí han tenido una capacidad de persuasión cercana a cero. ¿Se ironizará en el futuro hablando de un “5+1-1”?
Mientras se respira alivio porque, al menos, la reunión del jueves no terminó en el fracaso rotundo que se temía, lo que predominará en las semanas por venir es la desconfianza. Especialistas del Pentágono están convencidos de que, además de la de Qom, Irán oculta otras centrales nucleares. Para ello apelan a la lógica: un posible escenario de ataque preventivo de Israel impone no poner todas las instalaciones sensibles en el mismo complejo ni expuestas a nivel del suelo. Apuestan, así, a que en los próximos meses el mundo hará nuevos y sorprendentes descubrimientos.Por otro lado, más elementos suman a esa desconfianza. George Webb, director de la sección Antiproliferación de la Agencia de Servicios Fronterizos de Canadá, denunció al periódico The National Post que los iraníes han intentado comprar componentes para centrifugadoras de enriquecimiento de uranio y otros materiales sensibles a través de su país utilizando terceras naciones y puertos fantasmas en el Golfo Pérsico.Cabezas nucleares sin misiles precisos no son una «bomba atómica» propiamente dicha en la guerra moderna.
(Nota publicada en Ámbito Financiero el viernes 2 de octubre. Ilustración tomada de The Telegraph).

