Mucho se habló sobre la posibilidad de que el maratón electoral de 2009-2010 consolide un cambio de tendencia en América Latina, con una progresiva retirada de los gobiernos progresistas (en sus diferentes, muy diferentes versiones) y un crecimiento del número de administraciones de derecha.
Con todo, desde ahora se ha registrado un triunfo de José «Pepe» Mujica en Uruguay, pese a los pronósticos de que su perfil de ex guerrillero no le permitiría mantener el voto de clase media del Frente Amplio. Luego, Evo Morales arrasó en Bolivia con el 63% a una oposición desprestigiada y ya casi inextsitente. En tercer lugar, la primera vuelta en Chile derivará en un balotaje entre Sebastián Piñera (dueño de una emisora de TV, de la aerolínea LAN, farmacias y otras compañías, que suman un patrimonio de u$s 1.200 millones según Forbes) y el ex presidente Eduardo Frei. Algunos dicen que el duelo es entre un conservador y un progresista; no lo podemos confirmar. Sobre esto, queremos dejar algunos puntos para tener en cuenta de cara a la votación del 17 de enero:
- El resultado de la primera vuelta a favor del magnate hace que las cosas sean muy cuesta arriba para la Concertación: 44% a 30%. Para garar, Piñera necesita apenas 6 puntos adicionales; Frei, 20.
- Si bien la izquierda allendista (Jorge Arrate) se sumará a Frei, el electorado clave es el 20% que obtuvo el disidente socialista (sí, eso en estos tiempos es ser «socialista») Marco Enríquez-Ominami. Su voto es, en buena medida, preideológico, un al menos un tercio de él no pondría reparos en votar a Piñera.
- El resultado de la primera vuelta marca que la derecha obtuvo menos que la sumatoria del 48% de diciembre de 2005 entre Piñera y Joaquín Lavín, proceso que terminó con michelle Bachelet en La Moneda.
- Sin embargo, si la derecha es más o menos la misma que entonces, la que no lo es es la Concertación.
- Es natural que la alianza oficial registre el desgaste de haber gobernado 20 años ininterrumpidos. Veinte años muy elogiados en el exterior, pero que no han resuelto problemas graves de la vida cotidiana de muchos chilenos, asfixiados por la precariedad del trabajo, el desempleo directo y el costo prohibitivo de la educación superior, entre otars cuestiones.
- Piñera, como empresario rico, es un candidato atractivo para muchos. Además, su temprano abandono y condena del pinochetismo lo hace potable para no pocos votantes conservadores pero que no han renunciado a las sensaciones estomacales.
- Por último, Frei fue un presidente que dejó el gobierno en medio de la crisis financiera asiática y con niveles de popularidad muy bajos. La necesidad de la Concertación de devolver cierto protagonismo a la Democracia Cristiana después de dos turnos socialistas (Ricardo Lagos y Bachelet) hizo recaer la candidatura presidencial en él. A priori era un buen candidato, tan conservador que le permitiría pelearle el voto centrista a Piñera y capturar todo de allí hacia la izquierda. Pura teoría.
- Hoy la situación indica que Frei, el presidente que luchó a brazo partido para que Gran Bretaña liberara a Augusto Pinochet, es el candidato del «progresismo». ¡Ejem!
- Uno de los «éxitos» de la Concertación, acaso el menos memorable, ha sido domesticarse, renunciar a cualquier pretensión de reformismo profundo, transformador. Parecerse demasiado a la derecha. Tanto hoy le impide mostrarles a los chilenos un perfil propio, diferente, evocar progresismo con mayor credibilidad. Si se parecen tanto, ¿por qué no probar con alguien nuevo que promete mantener las políticas sociales y mejorar lo que los otros no pudieron?

