Varios meses atrás nos hacíamos eco de las amenazas crecientes, y verdaderamente inquietantes, que se cernían sobre la economía española. Cuando se creía superado el peor momento de la crisis financiera desatada a fines de 2008 por el jubileo de las hipotecas, la verdad profunda y ominosa que anidaba por doquier en la llamada economía real española emerge en toda su dimensión.
La Bolsa de Madrid cayó ayer casi el 6%, el peor desplome desde octubre de 2008, es decir desde el comienzo de esta historia lamentable. En el medio, tras un derrumbe inicial y sostenido, el Ibex se había recuperado un 30%. ¿Lo pasado pisado? Obviamente no, pese a la (nueva) ceguera de los apostadores financieros, que suelen insólitamente presumir de sofisticados.
La cuestión es simple: en tiempos de un auge que parecía definitivo, y mientras en estas humildes pampas se alababan los pactos de la Moncloa y el “milagro español”, la economía de ese país experimentó mucho de crecimiento y mucho de hinchazón. Burbujas, que les dicen. En ese contexto, España se encareció en términos de euros (algunos hablan de un 30%), gastó (mucho) de más y se sobreendeudó.
El problema es que recoger el barrilete será muy doloroso. Euro mediante, España no puede devaluar, algo que, aunque deprimiría los salarios y el poder adquisitivo de su gente, sería la salida menos dolorosa o, al menos, la que “socializa” más las penurias. En una realidad que recuerda los dilemas argentinos sobre el fin del “1 a 1”, las opciones para hacer más competitiva la economía son recortar salarios y jubilaciones nominalmente. En eso anda el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, salida dramática si las hay y políticamente explosiva, sobre todo con respecto a una situación que, como base, presenta un desempleo de casi el 20%. Se sabe: una devaluación tiene el mismo efecto sobre el salario que una poda nominal, pero ésta última es más visible e irritante. La otra alternativa, deflación vía recesión, es la medicina que durante muchos años han probado países como Alemania y Japón, espantosa también.
Si hace unos meses la caída o es rescate de bancos generaban entre nosotros sonrisas de revancha (“ahora les pasa a los ricos”, era la traducción), la historia vuelve a repetirse como farsa, en medio de versiones de default y al exponer el absurdo corsé de las unificaciones cambiarias. El euro puede resultarles encantador a quienes ven en él una vía para el crecimiento de los mercados financieros y las oportunidades de inversión, pero la tensión entre la existencia de una moneda continental y lógicas políticas y electorales que siguen y seguirán siendo por mucho tiempo nacionales es insostenible.
Usemos esta crisis para recordar la nuestra. Nunca abrazaremos el euro, claro. Vade retro. Pero hay quienes por allí hablan de una moneda única con Brasil y, se sabe, recaer en el dólar puede ser una tentación recurrente para muchos.


Y encima es increible como ocultan esto y el resto del contexto mundial los monopolios desinformativos de aca.Si no fuera por los medios publicos en el resto del mundo no pasa nada.Saludos
Estos días estuve viendo TVE y me asombré por lo que estaba pasando allá.Mientras que acá por ejemplo mar del Plata y otros centros turísticos , allí se perdieron 50000 puestos de trabajo en la industria turística. Hoy escuché que desde un diario de NYC les recomendaban las ya conocidas recetas del FMI: bajar salarios, achicar el gasto público, etc, etc, etc.Saludos
Y si cae España…