
¿Cristina Kirchner se hace uruguaya o José Mujica se hace argentino? Las dos cosas, como todos sabemos, serían muy desfavorables para nuestros vecinos ya que, como se sabe a ambas orillas, somos la peste misma.
¿Cómo explicar si no que lo que allí es virtuoso acá se degrade, y que lo que aquí es malo del otro lado se santifique? Será el aire, más enrarecido para nosotros (y sin que, claro, las emanaciones de Botnia tengan la culpa).
Nos daba envidia que Uruguay haya podido aplicar el Plan Ceibal, por el que cada escolar accedía a una computadora. Lo curioso fue la reacción (o, más bien, la falta de ella) que acompañó esta semana una medida análoga del gobierno argentino en beneficio de todos los estudiantes secundarios del sistema estatal. Quien no minimizó la medida, prefirió centrarse en la poco feliz idea de la Presidenta de compararse con Sarmiento, en la anécdota más irrelevante, al fin. Del avance en cuestión, poco y nada.
No hay siquiera imaginación para criticar, aun cuando las causas son muchas, como es natural en todas las sociedades y bajo todos los gobiernos. Aquí va una idea: el esfuerzo presupuestario en pos de la educación pública ha sido enorme en los últimos años, pero la calidad de la enseñanza no siguió, ciertamente, la misma progresión. Cuestionar con argumentos es trabajoso y, peor, implica reconocer aciertos y errores parciales (esto es no demonizar al “enemigo”); más fácil es burlarse de una frase malhadada e ignorar todo lo demás.
Pero no se trata sólo de que lo que es bueno en Uruguay es una pavada en Argentina. También ocurre que lo malo que se hace aquí es excelente en el país vecino.
Desde el comienzo de su gestión, Mujica lanzó la idea de usar parte de las reservas excedentes del Banco Central del Uruguay para el desarrollo del sistema ferroviario y la mejora de la infraestructura escolar. Las palmas enrojecían de este lado. Lo llamativo es cuán desapercibida pasó una definición importante formulada el miércoles por el ministro de Economía oriental, Fernando Lorenzo, en el Congreso: el nivel de la deuda pública es muy alto, eso implica una vulnerabilidad a superar y, para ello, se usarán reservas para pagar vencimientos de 2011. Serían u$s 1.300 millones sobre un total de u$s 8.000 millones. Toda una decepción para Washington Solanas.
El argumento de Lorenzo fue simple: la relación deuda/PBI es del 68% y hay que bajarlo al 40% (a niveles “argentinos”, se podría agregar) y que el uso de dinero colocado en el exterior a una tasa de interés ínfima en cancelar compromisos mucho más onerosos significaría un importante ahorro para el país. Ese gobierno está definitivamente perdido…
El rebote de este lado fue, desde ya, nulo. Para algunos, los temas internacionales son, simplificaciones brutales mediante, atajos atractivos y fáciles para la chicana interna. Y cuando la realidad no gusta, sencillamente se la suprime.
Uruguay-Argentina, o el juego de las diferencias
