Llamada de atención para todos quienes seguimos y pretendemos informar sobre cuestiones internacionales, la campaña electoral colombiana parece deparar una sorpresa mayúscula. Las noticias recurrentes sobre la popularidad récord de Álvaro Uribe, superior al 60%, nunca permitieron imaginar lo que está ocurriendo: un desplome del uribismo en las encuestas de intención de voto y la emergencia de un candidato independiente, Antanas Mockus, que hasta hace poco era considerado apenas un detalle extravagante en el proceso electoral.
Según una encuesta difundida horas atrás por RCN, Mockus trepó nada menos que 18 puntos en las últimas dos semanas, pasando a aventajar por 38% a 29% al ex ministro de Defensa de Uribe, el ultra duro Juan Manuel Santos. Si el 30 de mayo ninguno obtiene mayoría, habrá balotaje el 20 de junio. Allí, el triunfo del independiente sería por 58% a 37%.
Hay que ver aún si este conato de voto protesta se verifica en las urnas. Pero si es así, habrá que volver a evaluar todo lo dicho sobre las bondades de una política antiguerrillera que puso a la defensiva a las FARC y al ELN, y que mejoró las condiciones de seguridad en las grandes ciudades del país, pero que dejó expuestas por todos lados sus miserias, desde tramas de espionaje que colocan a Ciro James en el lugar de un aprendiz hasta violaciones a los derechos humanos impropias de un gobierno que se dice democrático.
Una buena muestra de lo último ha sido la llamada «parapolítica«, un escándalo que viene atormentando a Uribe desde 2006 y que consiste en los lazos denunciados de al menos 70 legisladores, en su gran mayoría oficialistas, y los paramilitares de extrema derecha. Un caso que, entre renuncias y detenciones, dejó diezmado al poder legislativo colombiano.
Mockus, conocido por haberse bajado los pantalones ante sus críticos en sus tiempos de rector universitario y por haber impuesto una noche anual de toque de queda para hombres cuando era alcalde de Bogotá, no plantea modificar la economía neoliberal de Uribe ni hacer las paces con la guerrilla. Simplemente promete legalidad y respeto a los derechos humanos. No es poco. Habrá que ver si eso es lo que busca una mayoría suficiente de los colombianos.