Michelle Bachelet se fue del gobierno en Chile con una imagen positiva del 84%, récord absoluto, pero, después de veinte años de gobierno de la Concertación, le cedió el poder a la derecha de Sebastián Piñera.
Tabaré Vázquez volvió a su consultorio de oncólogo con un respaldo del 61%, y aunque el Frente Amplio ganó las elecciones, no logró imponer en la interna a su verdadero candidato, el ex ministro de Economía Danilo Astori, quien sólo quedó, con fórceps, como número dos de la fórmula como contrapeso del colorido José Mujica.
Álvaro Uribe se despide con un apoyo del 63% (menor al de sus mejores momentos, pero igualmente impactante tras ocho años de gestión), pero, según las últimas encuestas, su candidato, Juan Manuel Santos, corre serio riesgo de perder los comicios colombianos del 30 de mayo.
Luiz Inácio Lula da Silva vuela con una imagen favorable del 76%, pero nada asegura que su delfina, Dilma Rousseff, pueda vencer al centroderechista José Serra en octubre. Por ahora, éste se impone en todas las encuestas.
Algo pasa con esos guarismos, que, aunque impresionantes, no evitan derrapes por izquierda y por derecha por igual. Parece que una cosa es contestar en frío un sondeo sobre simpatías y otra diferente elegir quién quiere uno que lo gobierno.
¿Y en Argentina? Poco puede afirmarse aún. Sólo que quienes parecían número puesto ya no lo son tanto y que quienes parecían condenados experimentan súbitos repuntes. ¿Hacia otra sorpresa?