Con un déficit fiscal del 13,6% el año pasado, y la obligación ciclópea de reducirlo al 3% antes de 2013, el mundo desarrollado aplaude casa anuncio de Grecia de profundizar el ajuste. El futuro se presenta allí sombrío. Ya se ensayaron tres planes de ajuste en seis meses, que supusieron un recorte de hasta 4 puntos del PBI e incluyeron medidas como aumento del IVA; mayores impuestos a los combustibles, el tabaco y los artículos suntuarios; congelamiento de sueldos y pensiones y recorte de aguinaldos; anuncios de privatizaciones; corte total de contratos en la administración pública; y reducción del gasto.
Tremendo, ¿no? Bueno, habrá más. Para cumplir con las exigencias internacionales (sobre todo alemanas) los nuevos hara kiri contemplan la fusión de municipios y el despido de hasta el 30% de los empleados. Déja vu de la Argentina de los 90, cuando algunos (“contadores sin visión política”, diría Roberto Dromi) pretendían sumar provincias para achicar el Estado. Si en aquel país las cosas marchan como marcharon en éste cuando se planteaban semejantes dislates, cabe esperar todavía mucho dolor.
Mientras, los profesores universitarios se declararon ayer en paro, la protesta crece en todo el sector docente, se suceden las tomas de dependencias estatales y las principales entidades sindicales declararon un cese de actividades para el 5 de mayo.
Si la situación no desemboca ya en una crisis total contra elg obierno socialista es porque éste, en realidad, vino a reparar el desaguisado de la anterior «administración» conservadora, que ocultó un déficit fiscal real que triplicaba al admitido.
A no equivocarse. No se relatan aquí las desventuras de un pequeño país europeo; su resultado tendrá un profundo impacto para toda la UE y, acaso, para el resto del mundo.