Y ya que estamos, seguimos con los bancos. El proceso que terminó con el colapso de la dolarización en la Argentina se replica en otros países, esta vez en los centrales. No por el “uno a uno”, sino por una timba tan desenfrenada que, so pena de no caer en calumnias e injurias, obliga a perdirles perdón a los casinos, tantas veces comparados con los mercados financieros en el último tiempo.
Se argumenta que el salvataje de u$s 800.000 millones en Estados Unidos, pergeñado entre el final de la era Bush y el principio de la era Obama, ya fue devuelto por las entidades. Lo que no devolvieron aún ni devolverán jamás es la crisis que el sistema bancario le exportó a la economía general, mensurable en un desempleo del orden del 10%, recesión, desalojos y demás costos sociales, y explosión de los déficits fiscales y de deuda pública. Lo de los bonus millonarios a sus ejecutivos fracasados no es más que una macabra anécdota, útil en todo caso para hacer visible lo verdaderamente trascendente.
En el post anterior hablábamos de la exposición de los grandes bancos europeos a Grecia y cómo el rescate multimillonario para ese país lo es en realidad para aquéllos. Conviene volver un poco la mirada a los Estados Unidos.
Durante su campaña electoral, Barack Obama, surfeando sobre el enojo popular con Wall Street, prometió una drástica reforma financiera. Con los comicios de mitad de mandato a la vista, vuelve a la carga, proponiendo regulaciones muy fuertes, la creación de una agencia de protección de los consumidores y un impuesto del 0,15% sobre los pasivos de las entidades (los depósitos de sus clientes) para evitar nuevas timbas excesivas (¿no será demasiado osado?).
Pues bien, los bancos, y sus voceros en el Congreso, encuentran indignante ese 0,15% y dan pelea.
Mientras, una encuesta reciente del centro Pew reveló que el 80% de los estadounidense ha perdido la confianza en los poderes del gobierno federal (en general, como instituciones) y que sólo el 25% tiene una opinión favorable del Legislativo. ¿Será que lo ven demasiado inclinado hacia los lobbies?
Otro sondeo, preparado para The Washington Post y ABC, señala que el 65% de los norteamericanos pide, reclama, la susodicha reforma, que, cabe esperar, saldrá muy diluida del trámite parlamentario si es que al final tiene éxito, claro.
La gente vota; la democracia es maravillosa. Pero hay poderes sempiternos, que nadie elige pero que marcan a fuego su rumbo.
Se argumenta que el salvataje de u$s 800.000 millones en Estados Unidos, pergeñado entre el final de la era Bush y el principio de la era Obama, ya fue devuelto por las entidades. Lo que no devolvieron aún ni devolverán jamás es la crisis que el sistema bancario le exportó a la economía general, mensurable en un desempleo del orden del 10%, recesión, desalojos y demás costos sociales, y explosión de los déficits fiscales y de deuda pública. Lo de los bonus millonarios a sus ejecutivos fracasados no es más que una macabra anécdota, útil en todo caso para hacer visible lo verdaderamente trascendente.
En el post anterior hablábamos de la exposición de los grandes bancos europeos a Grecia y cómo el rescate multimillonario para ese país lo es en realidad para aquéllos. Conviene volver un poco la mirada a los Estados Unidos.
Durante su campaña electoral, Barack Obama, surfeando sobre el enojo popular con Wall Street, prometió una drástica reforma financiera. Con los comicios de mitad de mandato a la vista, vuelve a la carga, proponiendo regulaciones muy fuertes, la creación de una agencia de protección de los consumidores y un impuesto del 0,15% sobre los pasivos de las entidades (los depósitos de sus clientes) para evitar nuevas timbas excesivas (¿no será demasiado osado?).
Pues bien, los bancos, y sus voceros en el Congreso, encuentran indignante ese 0,15% y dan pelea.
Mientras, una encuesta reciente del centro Pew reveló que el 80% de los estadounidense ha perdido la confianza en los poderes del gobierno federal (en general, como instituciones) y que sólo el 25% tiene una opinión favorable del Legislativo. ¿Será que lo ven demasiado inclinado hacia los lobbies?
Otro sondeo, preparado para The Washington Post y ABC, señala que el 65% de los norteamericanos pide, reclama, la susodicha reforma, que, cabe esperar, saldrá muy diluida del trámite parlamentario si es que al final tiene éxito, claro.
La gente vota; la democracia es maravillosa. Pero hay poderes sempiternos, que nadie elige pero que marcan a fuego su rumbo.

