
En la cumbre de la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur) realizada esta semana en nuestro país se envió un mensaje claro a España: la cumbre América Latina y Caribe-Unión Europea, convocada para el 15 de este mes, sería un fracaso si se insistía en la invitación al presidente de Honduras, Porfirio Lobo. No hizo falta mayor negociación, ni que Néstor Kirchner iniciara su gestión como secretario general del bloque con una gestión de alto perfil para que al otro lado del Atlántico se acusara rápido recibo.
Sutilmente presionado por España, Lobo abandonó su resistencia y, tras llamar «arrogantes y prepotentes» a los países que habían amenazado con boicotear la reunión (Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Nicaragua y otros), se bajó hoy de la cita en Madrid. Para salvar la ropa, José Luis Rodríguez Zapatero y él deberán conformarse con que asista al encuentro Centroamérica–UE, previsto como corolario de la cumbre principal.
A Lobo se le achaca haber surgido de un proceso electoral signado por el golpe a Manuel Zelaya, que incluyó anormalidades como estado de sitio, toque de queda, cierre de medios y represión sangrienta a manifestantes prodemocráticos.
Desde su asunción el 27 de enero, Lobo se esforzó por reintegrar a Honduras a la comunidad internacional, con un apoyo, por ahora insuficiente, de España, la UE y los Estados Unidos del pragmático Barack Obama. Así las cosas, el levantamiento de la suspensión impuesta a Honduras por la OEA tras el golpe del 28 de junio del año pasado parece aún más que incierto.
Los esfuerzos de Lobo pasaron, fundamentalmente, por la instalación esta misma semana de una Comisión de la Verdad. Como decía Perón, cuando no se quiere hacer algo, en este caso conocer la verdad, lo mejor es formar una comisión…
Con todo, esos esfuerzos no han pasado de un mero maquillaje, algo esperable en un país sometido a las condiciones de una coalición golpista cívico-militar que resultó triunfante.
Así las cosas, las violaciones a los derechos humanos producidas durante y después del golpe siguen si aclararse, los periodistas siguen siendo asesinados en número alarmante (seis sólo en los últimos dos meses) y el país está cada vez más militarizado. El mandatario conservador nombró a militares en diversas dependencias públicas, siendo el caso más notorio el del ex jefe de Estado Mayor, Romeo Vásquez, quien hizo el trabajo sucio en la asonada, al frente de la telefónica estatal. Además, elevó el presupuesto militar en un 30%.
Queda claro quién ganó y quién perdió en Honduras.
Cedió España a la presión de la Unasur y bajó a Honduras de su cumbre
