Venimos intentando reflejar la importancia de la crisis europea en curso, presentarla como la segunda fase de la desatada en 2008 en Estados Unidos tras el desmoronamiento del sistema de hipotecas y desentrañar sus posibles consecuencias. Ojalá le estemos aportando algo a alguien.
En ese sentido, una de las nociones que señalamos está dada por la fricción entre un valioso sistema de alta protección social y un modelo de acumulación de capital que ha perdido dinamismo. Un cuadro que se agrava en la medida en que los otros grandes centros del desarrollo mundial (Estados Unidos, China, India y, en general, el bloque de países emergentes) cuentan con niveles de protección social más precarios, lo que, en cruda economía, significa menos presión sobre las arcas del Estado y los costos de las empresas. Por eso hemos dicho que el sistema de bienestar europeo se juega hoy su futuro en las calles de Grecia, en los mercados bursátiles de las capitales europeas y en los despachos donde se diseña el porvenir.
El diario El País anticipa hoy algo de lo que ocurre justamente en esos despachos. Son las conclusiones del informe encargado en diciembre de 2007 a una docena de “sabios” acerca de los desafíos futuros de Europa.
Algunas de las conclusiones del Grupo de Reflexión encabezado por Felipe González abonan aquellas presunciones. En síntesis, como dice uno de sus puntos nodales, se trata de “restaurar un equilibrio dinámico entre las dimensiones del desarrollo económico, social y medioambiental», es decir, la necesidad de oxigenar el crecimiento a partir de nuevas concepciones de cobertura social, indudablemente más restrictivas. Por caso, limitar lo que el informe califica como “prejubilaciones”.
Europa baraja para repartir sus cartas de nuevo, lo que originará nuevos ganadores y perdedores. Veamos algunos extractos del informe mencionado:

  • «Con un crecimiento más lento que sus competidores, la UE está declinando».
  • «El consenso pasivo entre Europa y los ciudadanos ha cambiado».
  • «Nuestras conclusiones no son tranquilizadoras ni para la Unión ni para los ciudadanos (…) Crisis económica global, Estados yendo a salvar a sus bancos, envejecimiento de las poblaciones que amenazan la competitividad de nuestras economías y la sostenibilidad de nuestro modelo social, presiones a la baja en costes y salarios, desafíos por el cambio climático, creciente dependencia energética, cambio hacia el Este en la distribución global de la producción y el ahorro».
  • «Por primera vez en la reciente historia de Europa existe el temor generalizado de que los niños de hoy tendrán una situación menos acomodada que la generación de sus padres (…) Hoy vivimos en una época de inseguridad».
  • El modelo social de mercado debe ser «redefinido y adaptado al contexto cambiante».
  • Durante las últimas dos décadas “Europa ha perdido terreno frente a sus principales competidores en lo relativo al crecimiento, la generación de empleo y la posibilidad de mejorar sus estándares de vida”.
  • «La sostenibilidad del modelo económico y social europeo dependerá de nuestra capacidad de restaurar un equilibrio dinámico entre las dimensiones del desarrollo económico, social y medioambiental».