Gordon Brown ya no será recordado como el hombre que, como ministro de Finanzas de Tony Blair, produjo una de las eras de expansión económica más largas de la historia británica. Tampoco, tal era lo que pretendía al suceder a éste, como el hombre que salvó al Reino Unido de la crisis global. De hecho no pudo con ella y hoy se transformó en su primera víctima política de importancia.
La interna laborista tampoco ayudó, su oferta in extremis de un acuerdo con los liberaldemócratas no prosperó y hace un rato presentó su renuncia. Difícil que tenga revancha.
Así, trece años después de su salida del poder, los conservadores vuelven para hacer la tarea sucia del ajuste, poner en caja el déficit fiscal del 11% del PBI y evitar una explosión de la deuda pública. Todo en un contexto de actividad más que lánguida, lo que impondrá un sendero demasiado estrecho a quienes hoy festejan.
Resta verse aún si los conservadores contarán con un apoyo pleno de los liberales, que se impusieron como bisagra en el roto bipartidismo y que obtendrán, al menos, un referendo para reformar en su favor el sistema electoral.
El Reino Unido se aleja un poco más de «Europa». La foto, que perpetúa el momento en que la reina Elizabeth II saludaba al nuevo primer ministro, David Cameron, antes de encargarle la formación del próximo gobierno, retrata el cambio de época.
Ya se verán otras parecidas.