La avanzada de la gran industria paulista contra el Mercosur, expresada por sus exponentes políticos más lúcidos, tiene un capítulo especial: el rechazo a la presencia de Venezuela en el bloque.
Como Brasil es el país de América Latina que piensa su futuro con mayor cuidado y lucidez, no conviene interpretar el gesto como un mero disgusto ideológico. Lo que se diga en ese sentido, y sobre la actitud cada días más indudablemente autoritaria de Hugo Chávez, no es más que una justificación política para causas más profundas.
Cuando se piensa en el ingreso de Venezuela al Mercosur, lo que surge de inmediato, más allá de su mercado de consumo, es el vital aporte energético que podría realizar. Ocurre que ni lo uno ni lo otro desvelan a Brasil.
Sobre lo primero, el empresariado del país vecino, ya lo hemos dicho, piensa más en los mercados de Europa y Estados Unidos. El vecindario, que fue la plataforma inicial de su lanzamiento al mundo, le va quedando chico, algo que se expresa en su creciente condicionamiento ya no a una sociedad con Venezuela sino, muchísimo más importante, con la Argentina. Su único inconveniente es que la reticencia al libre comercio no proviene sólo de nuestro país ni del celo de Guillermo Moreno, sino de los agricultores europeos (sobre todo franceses) y de los demócratas proteccionistas que condicionan a Barack Obama.
¿Qué tiene para ofrecer en ese sentido un Chávez que sólo servirá para limitar aún más esas ansias de libre comercio?
Sobre lo segundo, no debe olvidarse que Brasil está cada vez más cerca de convertirse en una potencia petrolera. A los hallazgos de cuantiosas reservas en el yacimiento off–shore de Tupi en 2007, esta semana se sumó otro, el más prometedor desde entonces (incluso a nivel mundial), también en el mar y que contendría el equivalente a 4.500 millones de barriles. A un valor de referencia de u$s 70 por barril (habrá que ver finalmente cuál es su calidad), estaríamos en presencia de una riqueza, sólo en esta última cuenca, de una riqueza de u$s 315.000 millones.
Así, Venezuela no sólo es cada vez más irrelevante para la ecuación de desarrollo de Brasil sino, incluso, un potencial competidor en el mercado petrolero.
Por supuesto, la visión de la industria paulista y de José Serra es en este sentido mucho más radical que la de Luiz Inácio Lula da Silva y su candidata, Dilma Rousseff. Un matiz que habrá que seguir de cerca de aquí a las elecciones de octubre.
Porqué el establsihment brasileño no quiere a Venezuela en el Mercosur

