Los derrumbes bursátiles de ayer exponen una realidad dura: ni la imposición de los ajustes más duros, ni los 110.000 millones de euros “para Grecia” ni el blindaje de 750.000 millones de euros para la eurozona ya son suficientes. Los economistas europeos se ven sorprendidos con los pantalones bajos, sin categorías de pensamiento para lidiar con una crisis que simplemente es demasiado colosal, cosa que, por otra parte, reconocen.
Ante semejante desmadre, vale volver a los palotes, al sentido común. Interesante aporte en ese sentido de Mario Blejer hoy en La Nación, en el que plantea la necesidad de que los acreedores de Grecia (y otros países en problemas) asuman su corresponsabilidad en la crisis y acepten una reestructuración de los compromisos. Esto, agregamos nosotros, introduce un elemento (sólo uno) de indispensable alivio y, más relevante, un aporte de equidad en momentos en que se reclaman esfuerzos sociales tan dramáticos.
Esto dice Blejer. No olvidemos que es un ex FMI y un ex Banco de Inglaterra:

  • La única solución posible es sumar al sector financiero privado al costo del ajuste. Porque ahora son los trabajadores griegos y españoles y los contribuyentes alemanes y franceses -y todo el resto de nosotros, como ciudadanos de países del FMI que aportamos al salvataje- los que garantizan el pago de la deuda. Y sólo los bonistas parecerían quedar inmunes del ajuste.
  • Para recomponer el equilibrio macroeconómico y la factibilidad del proyecto europeo es necesario distribuir el costo y esto requiere una reprogramación ordenada de la deuda impagable. No se habla de un default unilateral y arbitrario, pero sí de una reducción en el valor presente de la deuda, estirando los plazos y mejorando los términos.
  • Quienes compraron esos bonos recibieron un premio grande; no hay razón para que queden blindados del efecto de tal riesgo.