Se ha dicho que en la crisis europea se juegan cuestiones de enorme trascendencia, como el futuro del euro y hasta el de los Estados de bienestar europeos. Pero hay más, esta vez de tenor político. Los países más afectados (Grecia, con Giorgios Papandréu; España, con José Luis Rodríguez Zapatero; y Portugal, con José Sócrates) están gobernados por sus respectivos partidos socialistas, sobre los que recaerán los costos políticos de ajustes de una magnitud de la que no se tiene memoria.
Se produce así en los eslabones más débiles de la eurozona una ruptura con el concepto de manual de que la derecha ajusta y acumula y luego la izquierda reparte, en un ciclo que se alterna para el necesario restablecimiento de los equilibrios.
¿Cuánto les costará a dichos partidos, en tiempo y esfuerzo, cuando toda esta historia sea un amargo recuerdo, recuperar el favor del electorado y la credibilidad de un discurso que se ha apartado tanto de los principios ideológicos que dicen sostener? ¿Quedará, por esta causa, en manos de gobiernos conservadores la etapa poscrisis y la posibilidad de modelar el futuro? ¿Qué efectos políticos, de sentido común social, de régimen, incubará esto a su vez?
“El principal beneficiario de este descontento, otra vez con la posible excepción, al menos eso espero, de Estados Unidos, será la derecha”. Lo dijo Eric Hobsbawm en octubre de 2008, cuando la crisis se llamaba Lehman Brothers y el estallido del euro no estaba ni previsto por los gurúes. Genio y figura.
Un tsunami para la izquierda europea

