Varios de los principales bancos de inversión del mundo, los mismos que están implicados en todos los entreveros, acaban de registrar una verdadera proeza: no sólo lograr ganancias en el primer trimestre (en medio del tembladeral internacional), sino haberlo hecho en todas y cada una de las ruedas del período. Lo que nunca logró ni el especulador más avezado, ellos (Bank of America, JPMorgan Chase, Citigroup y Goldman Sachs) sí lo consiguieron.
La información levantó sospechas, mencionadas en voz baja por gente «del palo». Al recibir fuertes y numerosas órdenes de compra o de venta en las cuentas de terceros que gestionan, las mesas de dinero de los bancos cuentan con información privilegiada sobre la tendencia inminente de los mercados, que podrían aprovechar operando de modo urgente a cuenta propia, dicen los maledicentes. El resto, la inmediatez de la reacción y el anticiparse a los movimientos de los terceros que gatillaron esa acción (es decir, vender antes que la manada, y volver a comprar antes que ella), podría ser obra y gracia del trading automático.
Más allá de si los malpensados tienen razón o no en este punto, todo indica que los mercados financieros globales se han convertido en un Frankenstein, un genio que nadie logra devolver a su lámpara. Por eso la inquietud mostrada en los últimos días por líderes tan diversos como Barack Obama y Angela Merkel, que incluso avanzan en la idea, hasta ahora tabú, de gravar los movimientos financieros, reedición de la famosa “tasa Tobin”.
En vinculación con lo anterior, la canciller alemana acaba de prohibir con efecto inmediato las llamadas ventas en descubierto, artilugio que consiste en vender a plazo valores que no (repito, no) se posee para especular a la baja, luego adquirirlas y terminar entregando al comprador el papel comprometido, sólo que fuertemente devaluado.
Mientras, la estadounidense Securities and Exchange Commission (SEC) determinó que sin un papel del S&P de 500 acciones cae más del 10% en una rueda ya no sólo se suspenda la cotización de ése sino de todos los que componen el índice. Toda una novedad, elocuente del miedo al descontrol.
Hay terror a la criatura que se ha engendrado. Mientras, sigue en la nebulosa la inexplicable e histórica caída que hace pocos días experimentó el índice de acciones líderes de Wall Street, el Dow Jones de empresas industriales. ¿Error de tipeo de un operador, como se dijo? ¿Reacción instantánea de los operadores gracias al trading automático? ¿Posibles fraudes? Prometemos más.