Michelle Obama, esposa del Presidente de Estados Unidos, había concurrido junto a la primera dama de México, Margarita Zavala, a una escuela primaria de Silver Spring (Maryland). Allí, una niña, hija de inmigrantes indocumentados, le preguntó si su esposo va a echar “a todos los que no tienen papeles”.
“Mi mamá dice que Barack Obama está sacando afuera a todos los que no tienen papeles”, le dijo la chiquita, destrozando los cálculos de los asesores de imagen que habían supuesto que no había nada más tranquilo y que «pagara» más que mostrarse con niños.
“Bueno, eso es algo en lo que tenemos que trabajar, para asegurarnos de que la gente esté aquí con los papeles correctos”, le contestó, titubeante, Michelle.
“Pero mi mamá no tiene”, insistió la niña. “Vamos a trabajar” con el Congreso para “arreglar” el problema, se limitó a replicar la nueva Jackie Kennedy, sin siquiera darle una clase teórica sobre la división de poderes en los Estados Unidos.
Todo bastante triste. De esto que ocurrió ayer, en el marco de la visita del presidente de México, Felipe Calderón (ver video), se habla cuando se denuncia la criminalización de la inmigración, la misma que es alentada en períodos de expansión económica y que es demonizada cuando la recesión aprieta. Como en Arizona.
