Más poderes regulatorios para el Estado, centrados en la Reserva Federal y en un consejo de estabilidad del sector financiero a crearse. Obligación de que los bancos separen, en entidades diferentes, sus operaciones de banca minorista y de inversión. Condiciones más duras para el otorgamiento de créditos hipotecarios. Reglas de bancarrota para entidades bancarias que no supongan costos para los contribuyentes. Controles más firmes sobre el mercado de derivados, y obligación de que los hedge funds (fondos de cobertura, altamente especulativos) y los private equity (enfocados en inversiones volátiles en empresas que no cotizan en bolsa) se registren ante la Securities and Exchange Commission (SEC, el organismo supervisor de la Bolsa de Nueva York).
Esto es, más o menos, lo que aprobó ayer por 59 votos contra 39 el Senado de Estados Unidos, con cuatro republicanos que apoyaron la iniciativa de Barack Obama y dos demócratas que la rechazaron por considerarla demasiado blanda.
La idea, considerada la reforma más amplia desde la crisis de 1929-1930 y que requerirá ahora un proceso de armonización con una norma similar aprobada en la cámara baja, se plasmará en una ley que podría ser promulgada por el Presidente el 4 de julio, Día de la Independencia.
La Casa Blanca intenta evitar que se repita una crisis como la de las hipotecas subprime de 2008, que sacudió al mundo y está teniendo hoy en Europa una segunda oleada financiera. Además, sus costos se medirán por años en términos de déficit fiscal, elevada deuda pública, recesión y alto desempleo en numerosas economías centrales.
La medida causa desagrado en los bancos, acostumbrados desde los 80 a operar con bajísimos parámetros de regulación, algo que, en buena medida, nos ha traído a esta situación. Pero no todo es lo que parece. Mientras envía esta señal de dureza, cuyo impacto no hay que menospreciar, la propia Reserva Federal no hace más que subsidiar la “timba” en beneficio de las mismas entidades que dispararon la crisis con prácticas irresponsables o directamente ilegales.
¿Cómo lo hace? Asegurándoles a los bancos fondos casi sin costo, que luego éstos pueden prestar asegurándose jugosas ganancias y, claro, asegurando que el esquema se mantendrá por un “período extendido”.
Estas prácticas, y algunas otras que mueven a sospechas, les aseguraron a las principales entidades de Estados Unidos la proeza de lograr ganancias en sus operaciones bursátiles en cada uno de los días de operaciones del primer trimestre.
Y… el que sabe, sabe…
Esto es, más o menos, lo que aprobó ayer por 59 votos contra 39 el Senado de Estados Unidos, con cuatro republicanos que apoyaron la iniciativa de Barack Obama y dos demócratas que la rechazaron por considerarla demasiado blanda.
La idea, considerada la reforma más amplia desde la crisis de 1929-1930 y que requerirá ahora un proceso de armonización con una norma similar aprobada en la cámara baja, se plasmará en una ley que podría ser promulgada por el Presidente el 4 de julio, Día de la Independencia.
La Casa Blanca intenta evitar que se repita una crisis como la de las hipotecas subprime de 2008, que sacudió al mundo y está teniendo hoy en Europa una segunda oleada financiera. Además, sus costos se medirán por años en términos de déficit fiscal, elevada deuda pública, recesión y alto desempleo en numerosas economías centrales.
La medida causa desagrado en los bancos, acostumbrados desde los 80 a operar con bajísimos parámetros de regulación, algo que, en buena medida, nos ha traído a esta situación. Pero no todo es lo que parece. Mientras envía esta señal de dureza, cuyo impacto no hay que menospreciar, la propia Reserva Federal no hace más que subsidiar la “timba” en beneficio de las mismas entidades que dispararon la crisis con prácticas irresponsables o directamente ilegales.
¿Cómo lo hace? Asegurándoles a los bancos fondos casi sin costo, que luego éstos pueden prestar asegurándose jugosas ganancias y, claro, asegurando que el esquema se mantendrá por un “período extendido”.
Estas prácticas, y algunas otras que mueven a sospechas, les aseguraron a las principales entidades de Estados Unidos la proeza de lograr ganancias en sus operaciones bursátiles en cada uno de los días de operaciones del primer trimestre.
Y… el que sabe, sabe…

