
Estoy «decepcionado» con Barack Obama. Haber ignorado la mediación de Brasil ante Irán por el conflicto nuclear «no fue una actitud (digna) de alguien que ganó el (Premio) Nobel de la Paz». «Dice y una cosa y hace otra, generalmente a través de la secretaria de Estado, Hillary Clinton«. «No es más el presidente abierto al diálogo con América Latina». «Perdió oportunidades de hacer gestos a Hugo Chávez y Raúl Castro». Fue blando con el golpe en Honduras y no aceptó discutir la presencia de tropas en bases de Colombia con la Unasur.
Todo esto dijo Luiz Inácio Lula da Silva según el influyente columnista de Folha de Sao Paulo Kennedy Alencar. Frases duras que parecen marcar el punto más bajo en las relaciones entre ambos líderes, al que se llegó tras la mediación ensayada en Teherán por Lula da Silva y el premier turco Recep Tayyip Erdogan.
La gestión le dejó heridas a Obama, ya que la Casa Blanca filtró que consideraba que tendió a dar más tiempo a Irán sin abordar los aspectos más preocupantes de su plan nuclear. Y, por lo que se ve, a Lula da Silva, que se sintió ignorado en su jugada diplomática más osada, la que creía destinada a darles a él en lo personal y a su país un lugar destacado en el concierto internacional.
Como hizo Carlos Menem en su momento, aunque con recursos nacionales y diplomáticos incomparablemente mayores, Lula da Silva se ha ofrecido como un mediador global. Se trata de una actitud por el momento algo quijotesca, que tiene que ver con un Brasil que aspira a convertirse en gran potencia pero que, queda claro, todavía no es convalidada como tal por el mundo desarrollado.
Los elogios a Brasil y a su Presidente son variados y cotidianos, pero todo indica que para la Casa Blanca y las otras grandes potencias occidentales aún no se ha llegado al punto de ir más allá de esas formalidades.
¿Será que para ese despegue político aún necesita a la Argentina, y el peso internacional que le da esa alianza, más de lo que suele creer? Un dato de interés cuando el debate en el vecino pasa, en buena medida, por determinar si el Mercosur es todavía un activo o ha pasado a ser un lastre.
Lula rumia su resentimiento con Obama
