El desempleo en España se ubica en torno al 20%, y el plan de ajuste en marcha augura tiempos aún más duros. Tanto es así que las propias previsiones oficiales, que ubican esa tasa para los próximos años por debajo de aquel guarismo de catástrofe, ya comienzan a ser corregidas al alza. Así, para 2013, el escenario más optimista fue modificado desde un desempleo previsto del 15,5% al 16,2%. ¿Habrá más novedades?
Y todo será en un contexto en el que el trabajo valdrá cada vez menos. Tener empleo significará una remuneración menor que en la actualidad y niveles de protección también más precarios.
Los sindicatos han reaccionado al ajuste con extrema moderación, convocando simplemente a una huelga de estatales, el sector inicialmente afectado por el ajuste, para el 8 de junio. Pero si, como se teme, el gobierno socialista (¿ex gobierno?, ¿ex socialista?) impone por decreto una flexibilización laboral, el paro se transformará en general.
El Fondo Monetario Internacional que lidera Dominique Strauss-Kahn (“el socialista que está a la izquierda de Néstor Kirchner”) ha llevado, ¡qué alivio!, su palabra de aliento en esta hora difícil. Dijo que las medidas de austeridad van en el sentido correcto, pero, escorpión al fin, reclamó esta semana medidas “radicales, urgentes y decisivas” para arreglar un mercado de trabajo que “no funciona”.
Según un comunicado emitido por un comité de expertos el lunes (mientras aquí, ajenos, festejábamos el Bicentenario), se recomienda reducir las indemnizaciones por despido, descentralizar las negociaciones salariales para debilitar la posición sindical y terminar con los ajustes de sueldos ligados a la inflación.
Lo interesante fue lo que declaró al respecto el Ministerio de Economía. Sin que nadie se anime a poner la cara, la definición, obediente, llegó a través de un seco comunicado: el análisis del FMI “coincide con el del gobierno”.
¡Qué lindo es el consenso!