La genealogía del actual descalabro económico mundial es conocida. El mercado estadounidense fue escenario de una burbuja inmobiliaria que, a partir de tasas de interés bajas y esquemas de regulación financiera más que laxos, derivó en la concesión masiva de préstamos hipotecarios a familias de escasa solvencia (hipotecas subprime).
Al caer el precio de las viviendas y subir las tasas, creció la morosidad, y los bancos «muy comprados» en esos valores entraron en grave crisis. El corte del crédito se hizo recesión, los Estados salieron al rescate de esas entidades y los fenómenos del déficit fiscal y el sobreendeudamiento público dejaron de ser patrimonio de países atrasados para explotar en el Norte rico del mundo. Luego de una primera fase financiera en Estados Unidos, esa crisis se “exportó”, vía recesión e insolvencia fiscal, a la economía mundial real y llegó, en una segunda etapa, la actual, a la eurozona.
Lo anterior lleva a indagar en lo mencionado al principio: las relaciones entre Estados y poderes privados, de una promiscuidad imposible de ignorar. En una entrada anterior señalábamos algunos hechos ilustrativos. Los repasamos:

  • Uno de los principales defensores del plan de rescate para la banca estadounidense por u$s 700.000 millones no fue el entonces presidente George W. Bush sino un demócrata, el senador Christopher Dodd (Connecticut). Se trata de alguien que, a pesar de ser (¿o por ello mismo?) presidente de la Comisión de Bancos de la cámara alta se benefició con dos hipotecas de la extinta Countrywide Financial Corp. por u$s 770.000 en condiciones preferenciales y con refinanciaciones que le permitieron ahorrarse al menos u$s 75.000 más.
  • Otros de los favorecidos por este esquema de clientes VIP, se denunció, fueron el también demócrata Kent Conrad (Dakota del Norte), titular de la Comisión de Presupuesto y miembro de la de Finanzas del Senado, el ex secretario de Vivienda Alphonso Jackson, la ex secretaria de Salud y Servicios Humanos Donna Shalala, y el ex embajador estadounidense ante la ONU Richard Holbrook, entre otros.
  • En abril de 2006, Freddie Mac, uno de los gigantes de la securitización de los créditos hipotecarios (a la que el Tesoro norteamericano debió rescatar con u$s 100.000 millones), acordó pagar a la Comisión Federal de Elecciones u$s 3,8 millones, la multa más elevada de la historia en su tipo, por haber realizado aportes ilegales a las campañas de legisladores clave para sus intereses a través de sus principales ejecutivos.
  • Freddie Mac se vio también sacudida por un escándalo de «contabilidad creativa», por el que subestimó sus beneficios en u$s 5.000 millones de dólares anuales durante un largo período.
  • Freddie Mac y su competidora Fannie Mae invirtieron en el período en que la crisis se incubó u$s 7 millones anuales cada una en actividades de lobby en el Congreso.
  • Durante audiencias realizadas en el Congreso, banqueros que se vanagloriaron de haber computarizado todo el proceso de aprobación de hipotecas, pasando de engorrosos trámites en papel, con documentación respaldatoria de la solvencia de los aspirantes, a un simple proceso de quince segundos (¡!) en el que el papelerío (y las garantías de repago) simplemente fueron salteados.
  • Así las cosas, el negocio pasaba por hacer cuantas hipotecas les fuera posible, confiando en que Fannie Mae y Freddie Mac, entidades privadas pero con respaldo del gobierno estadounidense (¡vaya capitalismo!), luego formarían paquetes con las mismas y las colocarían en los mercados, enajenándoles el riesgo.
  • Mientras, las siempre discutidas calificadoras de riesgo, cuyos clientes eran aquellos a quienes debían supervisar, ponían notas de ensueño a papeles que luego se revelaron como basura.

Esta semana, en una ronda de declaraciones ante la Comisión de Investigación sobre la Crisis Financiera (FCIC) de Estados Unidos, tres ex analistas de la calificadora de riesgo Moody’s admitieron que fueron presionados por el Directorio para mejorar arbitrariamente la nota de productos financieros como los hipotecarios para beneficiar a los emisores quienes eran a la vez evaluados y clientes de la compañía. Uno de los arrepentidos, Mark Froeba, señaló incluso que los bonus y los ascensos eran la moneda de cambio para premiar o castigar a quienes cooperaran o no con los designios corporativos.
Por otro lado, la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido (FSA) impuso una multa récord de u$s 48,2 millones al banco de inversión estadounidense JP Morgan por haber incumplido reiteradamente las normas sobre la debida separación del dinero propio y el de los clientes, que habría provocado pérdidas fabulosas a los ahorristas en caso de quiebra. ¿Se entiende por qué se salió a rescatar tan masivamente a entidades irresponsables?

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