Para cerrar, ahora sí, cabe plantear una vez más la impactante imagen de impotencia que muestran frente al descontrol de los mercados los gobiernos más poderosos del mundo, como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y otros. Ante los bancos y las petroleras, las crisis financieras y las ambientales.
Las susurrantes quejas, impropias de quienes, se supone, tienen tanto poder, y las tímidas promesas de reforma de los Obama, los Brown/Cameron, los Merkel o los Sarkozy no parecen suficientes.
El estadounidense, puntualmente, asiste impávido en estos días a los repetidos, desorientados, intentos de BP de sellar la fuga de crudo, un problema que, uno se cuestiona, acaso ameritaría a esta altura una intervención de la Marina norteamericana.
Por ahora, retórica aparte, Obama (como los otros) se parece mucho más a lo anterior que a lo que realmente se necesita. Más a Bush, aunque más quejoso, que a Roosevelt.
¿Será la actual generación de líderes la que se quedará en el desierto y no entrará nunca a la Tierra Prometida?