El gobierno de Hungría habló de “bancarrota”, admitió estadísticas adulteradas y se comparó con Grecia. Bastó con eso para que los mercados financieros se revolvieran en todo el mundo. No era para menos: pese a representar sólo el 0,8% del PBI de la Unión Europea y de no ser parte de la zona del euro, la exposición de los bancos del bloque a su deuda soberana justificaba la alarma.
El gobierno conservador del país no podía ignorar eso.
Ahora, después de los retos que llovieron desde todas las capitales europeas por haber contribuido a la histeria de los mercados más con meras declaraciones, desde Budapest se baja el tono a esas advertencias.
«Las declaraciones anteriores son exageradas y desafortunadas», aclaró el jefe del Gabinete Mihály Varga, titular de la comisión investigadora sobre el estado verdadero de la economía húngara.
La saga de dichos y contradichos dejó una confusión consecuente con la gramática de uno de los idiomas más indescifrables del mundo.
La pregunta queda instalada: ¿se reconoció inicialmente una situación que requiere tratamiento urgente, un episodio más en la cadena de crisis y contagio a la que asistimos, o se intentó presionar a la UE y al FMI para que se atenúen las dolorosas condiciones en las que en octubre de 2008 se le concedió un paquete de “rescate” por u$s 20.000 millones? En definitiva, ¿se pidió nueva ayuda o se intentó sacar partido de una situación en la que los planes de rescate se reparten sin tantas preguntas en virtud del pánico generalizado?
La semana que viene ese informe llegará a manos del primer ministro Viktor Orbán (a la izquierda en la foto, junto al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso)… y los mercados funcionarán cada día. Como corresponde a los tiempos que corren, sea cual sea la verdad, la percepción en las grandes bolsas mundiales zanjará cuál es “la verdad”.
El gobierno conservador del país no podía ignorar eso.
Ahora, después de los retos que llovieron desde todas las capitales europeas por haber contribuido a la histeria de los mercados más con meras declaraciones, desde Budapest se baja el tono a esas advertencias.
«Las declaraciones anteriores son exageradas y desafortunadas», aclaró el jefe del Gabinete Mihály Varga, titular de la comisión investigadora sobre el estado verdadero de la economía húngara.
La saga de dichos y contradichos dejó una confusión consecuente con la gramática de uno de los idiomas más indescifrables del mundo.
La pregunta queda instalada: ¿se reconoció inicialmente una situación que requiere tratamiento urgente, un episodio más en la cadena de crisis y contagio a la que asistimos, o se intentó presionar a la UE y al FMI para que se atenúen las dolorosas condiciones en las que en octubre de 2008 se le concedió un paquete de “rescate” por u$s 20.000 millones? En definitiva, ¿se pidió nueva ayuda o se intentó sacar partido de una situación en la que los planes de rescate se reparten sin tantas preguntas en virtud del pánico generalizado?
La semana que viene ese informe llegará a manos del primer ministro Viktor Orbán (a la izquierda en la foto, junto al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso)… y los mercados funcionarán cada día. Como corresponde a los tiempos que corren, sea cual sea la verdad, la percepción en las grandes bolsas mundiales zanjará cuál es “la verdad”.

