Las dudas sobre el futuro del Estado benefactor europeo en el marco de la actual crisis ya no son teóricas sino bien concretas. Es que no ya son sólo los países “pobres” de la Unión Europea los que ajustan drásticamente sus economías. La noticia hoy pasa por dos frentes.
Primero, el británico David Cameron acusó a su antecesor, el laborista Gordon Brown, de haber ocultado con argucias contables el verdadero nivel de la deuda pública, cuyos servicios ascenderán a u$s 120.000 millones en los próximos cinco años, lo que parece abrir la puerta a nuevos recortes del gasto, superiores a los u$s 8.000 millones ya anunciados.
Segundo, Angela Merkel lanzó una fuerte embestida contra el Estado social al anunciar un ahorro de u$s 95.000 millones para los próximos seis años.
Esto supone el recorte de 15.000 empleos en el sector público, una reducción de 2,5% en los salarios del sector, un recorte en los subsidios por nacimiento, una baja en los programas de protección por desempleo y la cancelación de las subvenciones para el alquiler de viviendas.
En la movida se cortará el presupuesto de defensa (se reducirán 40.000 soldados), se reducirán las subvenciones a las empresas, se dejarán sin efecto obras públicas y se impondrán nuevos impuestos a los bancos.
Grecia, España y compañía deben deflacionar sus precios internos en un rango del 20% al 30% para restituir a sus empresas la competividad perdida con respecto a sus pares de Alemania o Francia. El problema es que medidas como las que están imponiendo los socios ricos de la zona del euro también son recesivas y deflacionarias, lo que someterá a los primeros a reforzar sus políticas de ajuste para lograr el fin buscado.
Si, por caso y como explica Paul Krugman, en Alemania se validara una inflación del 5%, la “devaluación interna” de Grecia, España, Portugal o Irlanda ya no debería forzar una caída del 20% de sus precios internos, por tomar el escenario más optimista, sino “sólo” una del 15%. Las cosas cambian si, en vez de subir, los precios también bajan o se mantienen invariantes en las economías más fuertes.
Si se consolida este círculo de ajuste-recesión, el gasto social de los diversos países sufrirá todavía más. Y Europa amanecerá tras esta crisis con un rostro menos reconocible.
Primero, el británico David Cameron acusó a su antecesor, el laborista Gordon Brown, de haber ocultado con argucias contables el verdadero nivel de la deuda pública, cuyos servicios ascenderán a u$s 120.000 millones en los próximos cinco años, lo que parece abrir la puerta a nuevos recortes del gasto, superiores a los u$s 8.000 millones ya anunciados.
Segundo, Angela Merkel lanzó una fuerte embestida contra el Estado social al anunciar un ahorro de u$s 95.000 millones para los próximos seis años.
Esto supone el recorte de 15.000 empleos en el sector público, una reducción de 2,5% en los salarios del sector, un recorte en los subsidios por nacimiento, una baja en los programas de protección por desempleo y la cancelación de las subvenciones para el alquiler de viviendas.
En la movida se cortará el presupuesto de defensa (se reducirán 40.000 soldados), se reducirán las subvenciones a las empresas, se dejarán sin efecto obras públicas y se impondrán nuevos impuestos a los bancos.
Grecia, España y compañía deben deflacionar sus precios internos en un rango del 20% al 30% para restituir a sus empresas la competividad perdida con respecto a sus pares de Alemania o Francia. El problema es que medidas como las que están imponiendo los socios ricos de la zona del euro también son recesivas y deflacionarias, lo que someterá a los primeros a reforzar sus políticas de ajuste para lograr el fin buscado.
Si, por caso y como explica Paul Krugman, en Alemania se validara una inflación del 5%, la “devaluación interna” de Grecia, España, Portugal o Irlanda ya no debería forzar una caída del 20% de sus precios internos, por tomar el escenario más optimista, sino “sólo” una del 15%. Las cosas cambian si, en vez de subir, los precios también bajan o se mantienen invariantes en las economías más fuertes.
Si se consolida este círculo de ajuste-recesión, el gasto social de los diversos países sufrirá todavía más. Y Europa amanecerá tras esta crisis con un rostro menos reconocible.

