Era previsible y se está dando. La crisis española se parece en muchos aspectos a la argentina de 2001. Primero en lo económico y cada vez más en lo político.
Una encuesta de Metroscopia publicada ayer por el otrora diario filosocialista El País trae datos interesantes al respecto.
El más saliente es el derrumbe del respaldo a José Luis Rodríguez Zapatero, hoy de apenas el 19%, nada menos que once puntos por debajo de la ya escuálida medición anterior. Algo obvio, dada la magnitud de los problemas económicos y del ajuste impuesto como amarga e incierta receta. (Impiadosa ironía del destino: 19% es el guarismo que mide tanto la reputación de Zapatero como el desempleo en el país).
Otro, esperable como el anterior y paralelo a él, es el desplome de la intención de voto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que si se votara ahora perdería por un margen de 43% a 32,5% con el conservador Partido Popular.
Rodríguez Zapatero padece el dilema del prisionero: intente lo que intente, saldrá mal parado: una mayoría del 53% se opone a que adelante las elecciones previstas para 2012, un futuro demasiado remoto como van las cosas. El electorado, cruel, sólo le desea un lento desangramiento.
Este último dato, con todo, es el que más asemeja lo que ocurre en España a la Argentina de 2001. Sin exagerar, claro, porque allí los partidos políticos (no siquiera el PSOE) no enfrentan la disolución que todavía persiste en nuestro país. Veamos.
Que la mayoría de los españoles no desee que se adelanten los comicios pese a los males en curso da cuenta de un fuerte desencanto y de la certeza de que, gobierne quien gobierne, las cosas seguirán igual de mal.
Así, incluso entre el 43% de los consultados que sí desean un anticipo del calendario electoral, el 77% no cree que el PP traiga ninguna solución novedosa.
La falta de alternativas presentadas a la sociedad para lidiar con el marasmo económico por la oposición explica esto, así como los escándalos de corrupción que horadan la reputación del PP.
Así, el líder conservador, Mariano Rajoy, casi la mitad (49%) de los simpatizantes de la derecha manifiesta “poca” o “ninguna” confianza y el 37% directamente pide que el candidato sea otro.
Los partidos regionales, minoritarios pero decisivos, definirán en un Parlamento sin mayorías absolutas cuándo cae el gobierno socialista. El próximo debate sobre el Presupuesto surge en el horizonte como un escollo acaso insalvable.
Una encuesta de Metroscopia publicada ayer por el otrora diario filosocialista El País trae datos interesantes al respecto.
El más saliente es el derrumbe del respaldo a José Luis Rodríguez Zapatero, hoy de apenas el 19%, nada menos que once puntos por debajo de la ya escuálida medición anterior. Algo obvio, dada la magnitud de los problemas económicos y del ajuste impuesto como amarga e incierta receta. (Impiadosa ironía del destino: 19% es el guarismo que mide tanto la reputación de Zapatero como el desempleo en el país).
Otro, esperable como el anterior y paralelo a él, es el desplome de la intención de voto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que si se votara ahora perdería por un margen de 43% a 32,5% con el conservador Partido Popular.
Rodríguez Zapatero padece el dilema del prisionero: intente lo que intente, saldrá mal parado: una mayoría del 53% se opone a que adelante las elecciones previstas para 2012, un futuro demasiado remoto como van las cosas. El electorado, cruel, sólo le desea un lento desangramiento.
Este último dato, con todo, es el que más asemeja lo que ocurre en España a la Argentina de 2001. Sin exagerar, claro, porque allí los partidos políticos (no siquiera el PSOE) no enfrentan la disolución que todavía persiste en nuestro país. Veamos.
Que la mayoría de los españoles no desee que se adelanten los comicios pese a los males en curso da cuenta de un fuerte desencanto y de la certeza de que, gobierne quien gobierne, las cosas seguirán igual de mal.
Así, incluso entre el 43% de los consultados que sí desean un anticipo del calendario electoral, el 77% no cree que el PP traiga ninguna solución novedosa.
La falta de alternativas presentadas a la sociedad para lidiar con el marasmo económico por la oposición explica esto, así como los escándalos de corrupción que horadan la reputación del PP.
Así, el líder conservador, Mariano Rajoy, casi la mitad (49%) de los simpatizantes de la derecha manifiesta “poca” o “ninguna” confianza y el 37% directamente pide que el candidato sea otro.
Los partidos regionales, minoritarios pero decisivos, definirán en un Parlamento sin mayorías absolutas cuándo cae el gobierno socialista. El próximo debate sobre el Presupuesto surge en el horizonte como un escollo acaso insalvable.

