Barack Obama salió a defenderse de las críticas de inacción en el desastre ambiental provocado por el hundimiento de una plataforma de British Petroleum en el Golfo de México. Y lo hizo sobreactuando su enojo y determinación al señalar que quiere saber «qué culo debo patear». Su problema es que ningún exceso ocultará la impotencia de su gobierno ante el desastre, que comenzó el 20 de abril y continúa aún, esquema que se repite en otras crisis, como la financiera, lo que denota que, cuando menos, no ha sabido enfrentar las presiones de poderosos grupos de interés. Los «culos» que «hay que patear» están claros: los de los reponsables (valga la expresión) de la empresa, los de los directores de los organismos de control de su propio gobierno (que no han controlado nada), los de los lobistas que neutralizan cualquier acción oficial, los de los legisladores y gobernadores permeables a las presiones del sector… El suyo propio, en definitiva, aunque eso le resultará posturalmente complicado.
