Si el paro de empleados estatales del pasado 8 de junio en España fracasó, fue por la escasa respuesta que sus organizadores lograron en el sector del transporte. Dispuestos a no correr otra vez ese riesgo en la preparación de la huelga general del próximo 29 de septiembre (hasta en plena crisis las vacaciones de verano son sagradas), la pelea pasa hoy por lo que ocurre en el subterráneo de Madrid.
El paro de los trabajadores del “metro” entró hoy en su tercera jornada consecutiva sin servicios mínimos, dejando colapsada la ciudad. Continuará, según se votó hoy en asamblea (foto) mañana y pasado, pero esta vez sí respetando las disposiciones de una circulación del 50% de las formaciones… supeditado, claro, a que no se avance con sanciones a los doscientos sumariados desde el lunes.
¿Será que las modalidades de las protestas sociales tienen más que ver con la intensidad de las crisis y las carencias sociales que con el carácter de los pueblos? Así parece, ya la prensa española hace propios ahora conceptos como “paro salvaje” y hasta “piquete”, esto último para referirse a los grupos de sindicalistas que bloquean vías de trenes y que impiden entrar a trabajar a quienes no respetan el mandato de las asambleas.
Obama (y Cristina Kirchner) se quejaron en la última cumbre del G20 de que los ajustes en Europa pueden hacer fracasar cualquier mínimo atisbo de recuperación de la economía mundial, Paul Krugman augura (para algunos exageradamente) una nueva era de depresión global y la conflictividad social no deja de crecer en Europa.
Hay huelgas en Grecia (ayer fue la última, violentamente reprimida, y ya se prepara otra para el mes que viene, cuando el parlamento trate la reforma laboral y el endurecimiento de los requisitos para llegar a la jubilación) y manifestaciones multitudinarias en Francia e Italia. España, como se vio, aporta lo suyo. El mundo seguirá sacudiéndose por un buen tiempo.