El estado norteamericano de Arizona hizo punta con una ley que criminaliza la inmigración ilegal, premia la delación y habilita a la policía a detener personas para constatar su situación migratoria por mera portación de rostro (moreno). La detestable norma fue impugnada judicialmente y la cuestión terminará siendo dirimida en la Corte Suprema. Pero el mal ejemplo cunde.
Ahora es Florida (el estado donde viven más argentinos, unos 300.000, entre ellos algunos sin papeles) promete una norma “más dura” que la de Arizona. Su promotor es el ministro estadual de Justicia, Bill McCollum, quien enfrenta en desventaja la primaria republicana para la candidatura a gobernador. En tanto, Virginia y otros estados debaten cosas similares.
En noviembre se vota en Estados Unidos para gobernador y se renueva el Congreso, por lo que en un escenario de debilidad económica y persistente desempleo en torno al 10%, los inmigrantes, antes bienvenidos para hacer más barato las tareas que los estadounidenses rechazaban, dejan de ser bienvenidos. Una historia conocida e injusta, que se replica también en Europa.
Barack Obama, mientras, presionado por opositores y aliados en busca de revalidación electoral, abandona sus esperanzas de sacar adelante una ley que permita algún tipo de regularización de los 12 millones de personas sin papeles, en su mayoría latinas, que hay en el país. Incumple así una promesa de campaña que le valió un voto masivo de la comunidad hispana con derechos electorales y decepciona a buena parte de su electorado más progresista. La crisis no tiene piedad con nadie.
Ah… ¿Y por casa cómo andamos? Bien, por suerte. No sólo la crisis nos queda lejos sino que, a pesar de un discurso extremista y xenófobo siempre presente en algunos sectores, nuestro país facilita la adaptación de personas corridas por la necesidad desde países hermanos.
Se celebra desde aquí el apego a una de las mejores y más generosas tradiciones nacionales.