Se acercan las elecciones presidenciales brasileñas del 3 de octubre y el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva insiste con un tema que sirve para entender, en parte claro, porqué los grandes medios de comunicación siguen tomando partido por el opositor José Serra.
Ocurre que el ministro de Relaciones Institucionales, Alexandre Padilha, encargado la relación con el Congreso, anticipó que “antes de fin de año el gobierno presentará su propuesta de marco regulatorio en el área de comunicación «.
La misma se basará en las recomendaciones realizadas el año pasado por la Conferencia Nacional sobre Democratización de las Comunicaciones, dijo el funcionario. Brasil sigue así un camino similar al de la Argentina, cuya Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue resultado de una serie de debates y foros realizados en todo el país con participación de entidades de la sociedad civil. Como en nuestro país también, la prensa informa poco y mal sobre las etapas preliminares de este proceso.
En esa línea, según informó la agencia ANSA, “una de las conclusiones del encuentro de comunicación fue revisar el modelo de medios, dominado por empresas de información, y la implementación de otro en el cual se conceda más peso a organizaciones no gubernamentales, universidades y sindicatos”.
“La Conferencia –recuerda la agencia noticiosa italiana- deliberó durante más de un año, cerró sus actividades a fines de 2009 y contó con la presencia de Lula da Silva, quien cuestionó los ‘monopolios de la información’».
Cabe suponer que, dado que el Presidente finalizará su mandato el 1 de enero próximo, cabrá a su delfina, Dilma Rousseff, decidir, en caso de resultar electa, si dará o no esa batalla contra gigantes como el multimedios carioca Globo y otros. Lula da Silva, cuyo estilo no ha sido el de confrontar con los intereses más poderosos sino, más bien, intentar compatibilizarlos con una política de intensa ayuda social, no lo hizo. Con todo, sometido como estuvo a la antipatía de muchos de los medios más poderosos y tradicionales, accedió a la presión del ala más radical del Partido de los Trabajadores y, aunque con lentitud, avaló el debate sobre los medios.
Ocurre que el ministro de Relaciones Institucionales, Alexandre Padilha, encargado la relación con el Congreso, anticipó que “antes de fin de año el gobierno presentará su propuesta de marco regulatorio en el área de comunicación «.
La misma se basará en las recomendaciones realizadas el año pasado por la Conferencia Nacional sobre Democratización de las Comunicaciones, dijo el funcionario. Brasil sigue así un camino similar al de la Argentina, cuya Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue resultado de una serie de debates y foros realizados en todo el país con participación de entidades de la sociedad civil. Como en nuestro país también, la prensa informa poco y mal sobre las etapas preliminares de este proceso.
En esa línea, según informó la agencia ANSA, “una de las conclusiones del encuentro de comunicación fue revisar el modelo de medios, dominado por empresas de información, y la implementación de otro en el cual se conceda más peso a organizaciones no gubernamentales, universidades y sindicatos”.
“La Conferencia –recuerda la agencia noticiosa italiana- deliberó durante más de un año, cerró sus actividades a fines de 2009 y contó con la presencia de Lula da Silva, quien cuestionó los ‘monopolios de la información’».
Cabe suponer que, dado que el Presidente finalizará su mandato el 1 de enero próximo, cabrá a su delfina, Dilma Rousseff, decidir, en caso de resultar electa, si dará o no esa batalla contra gigantes como el multimedios carioca Globo y otros. Lula da Silva, cuyo estilo no ha sido el de confrontar con los intereses más poderosos sino, más bien, intentar compatibilizarlos con una política de intensa ayuda social, no lo hizo. Con todo, sometido como estuvo a la antipatía de muchos de los medios más poderosos y tradicionales, accedió a la presión del ala más radical del Partido de los Trabajadores y, aunque con lentitud, avaló el debate sobre los medios.
Con Serra, hombre del establishment, en el poder, la iniciativa quedaría definitivamente congelada. Habrá que ver, en todo caso, si Dilma podría imponerla dada la dependencia que probablemente tendrá en el Congreso (al igual que el mandatario saliente) de aliados de centroderecha.
Esta es una de las muchas cosas importantes que se dirimirán pronto en Brasil.
Esta es una de las muchas cosas importantes que se dirimirán pronto en Brasil.

