Surinam, colonia holandesa hasta 1975 con una población apenas superior al medio millón de habitantes, es, aunque muchos lo olviden, parte de Sudamérica y, como tal, de la nueva Unasur. El país estrenó ayer gobierno con la jura de Desi Bouterse, quien se impuso en los comicios de mayo con el 40% de los votos con un programa basado en promesas de ayudas sociales y lucha contra la corrupción.El problema (siempre existe uno, ¡ay!) es que el currículum de Bouterse, de 64 años, da para que sus partidarios lo ensalcen como un líder progresista, revolucionario y empeñado en sacudir las estructuras coloniales que persisten en el país y para que sus detractores lo presenten directamente como un monstruo.
En 1980 llegó por primera vez al poder a través de un golpe militar que derrocó al liderazgo poscolonial, dejó en suspenso la Constitución y proclamó un programa de izquierda. La Revolución de los Sargentos acercó el país a Cuba y Nicaragua en tiempos en que Estados Unidos acosaba al sandinismo con la contra e invadía Granada. Permaneció hasta 1987 como hombre fuerte.
En 1982 fue responsabilizado por la tortura y ejecución de quince líderes opositores (políticos, sindicales e intelectuales) en medio de disturbios que incluyeron la quema de sedes políticas por parte de efectivos de las FF.AA., en lo que se conoció como “Los asesinatos de diciembre”, perpetrados en la noche del 8 al 9 de ese mes. El caso sigue abierto, y el nuevo gobierno ha prometido aclararlo con una investigación que deparará nuevas dudas y polémicas.
En 1990 perpetró otro golpe de Estado y en 1999 fue condenado en ausencia en Holanda por narcotráfico a dieciséis años de cárcel. Así, se ha visto obligado a vivir confinado en su país.
A su jura en Paramaribo no asistió ningún presidente de la región. Hugo Chávez desistió de viajar a último momento pero envió a su canciller, Nicolás Maduro, quien prometió reforzar el vínculo entre los dos países vecinos, ponderó el tono sudamericanista del discurso inaugural de Bouterse y lo invitó a visitar Venezuela. Brasil también envió una discreta delegación.
El resto de la región osciló entre la indiferencia y la desconfianza. Comprensible.

