Se acercan las elecciones de mitad de mandato en EE.UU. y el electorado parece, al menos hasta ahora, dispuesto a premiar al pirómano que desató el fuego de la crisis económica (los republicanos) y castigar al bombero (Barack Obama).
El problema es que el bombero no termina de acertar con el chorro. La economía vuelve a recaer, el desempleo se mantiene en el 10% y, para peor, crecen los despidos. Hoy causa preocupación el dato de que la solicitud de subsidios de desempleo creció por cuarta vez en cinco semanas hasta su mayor nivel en nueve meses, 500.000.
Según Gallup, por primera vez desde que asumió en enero del año pasado el rechazo a su gestión es mayoritario (51% contra 42% que lo apoya) y, de acuerdo con una encuesta de GfkAssociated Press, el 61% considera que la situación económica es igual o peor que con George W.
Un dato de color: su correcta aunque inconveniente defensa del derecho de la comunidad musulmana de Nueva York a erigir una mezquita a dos cuadras de la «zona cero» provocó un coro de críticas e hizo subir al 18% la cantidad de norteamericanos que le adjudican profesar esa fe. Una versión difundida por sus enemigos ya en la campaña electoral (ver imagen) y que parece lejos de ser desterrada.
Así las cosas, decidió adelantar en dos semanas la prometida retirada de Irak: se van los últimos 5.000 soldados de combate (pero quedarán hasta fin del año que viene 50.000 más para operaciones de apoyo y entrenamiento de las fuerzas locales; ¿después de eso la retirada será realmente completa?).
Busca así, compensar sus problemas con la economía, cumplir una promesa de campaña, enfocar el esfuerzo bélico en un Afganistán cada vez más jaqueado por los talibanes y cerrar un conflicto que enriquecerá a largo plazo a las grandes petroleras pero que les costará a los contribuyentes nada menos que u$s 3 billones.
El tiempo apremia y no juega a favor.