La Nación habla hoy en su tapa de la “preocupación” de Estados Unidos por la situación de la libertad de expresión en el país.
Refiere al respecto un comentario de Mark Toner, uno de los portavoces del Departamento de Estado que comanda Hillary Clinton. En concreto, el funcionario dijo al preguntársele sobre Argentina y el caso Papel Prensa:
- «Nos preocupa la libertad de prensa en todo el mundo. Ciertamente en la Argentina hay un debate doméstico. Lo estamos siguiendo muy de cerca. Es parte de nuestras conversaciones bilaterales».
- Al ser consultado sobre la ausencia de la embajadora Vilma Martínez en el acto del martes en la Casa Rosada, añadió: «Eso se lo tienen que preguntar a la embajadora. Pero sí puedo decirles que nos tomamos los temas de la libertad de expresión muy seriamente».
El lenguaje diplomático de Toner deja en claro dos cosas. Por un lado, la referencia a una preocupación de la Casa Blanca parece un poco “estirada”: puede que el caso genere algún ruido, pero difícilmente derive en un problema para la relación bilateral. Pero esa misma cautela deja en claro que no puede esperarse hoy desde Washington un aval a los pasos que está dando el gobierno argentino. Evidentemente existe una mirada crítica.
¿De dónde surge esto? No hay que olvidar que Goldman Sachs, uno de los bancos de inversión más grandes del mundo, es dueño del 18% del paquete accionario de Clarín, y que las acciones sobre Fibertel y Papel Prensa atentan directamente contra uno de sus negocios, por más que sea periférico.
Goldman tiene sus propias reyertas en Estados Unidos. Por caso ha enfrentado una acusación de fraude a sus clientes con papeles ligados a hipotecas lanzada por la SEC, el órgano que vela por la transparencia en Wall Street. Con todo, esos trapos se lavan en casa. Hacia afuera, el Estado norteamericano (como todos, en realidad, pero con mayores recursos de poder) es un defensor y patrocinador de sus compañías.
Recordemos que cuando el gobierno le quitó el negocio del fútbol a TyC, la queja empresaria llegó a la embajada de los Estados Unidos justamente debido a que el emprendimiento tenía inversores de ese país: Fred Vierra y DirecTV.
Recordemos la polémica que se produjo hacia fin del año pasado cuando el secretario de Estado adjunto para Asuntos Hemisféricos, Arturo Valenzuela, puso en duda la seguridad jurídica para las empresas en el país. Tras la respuesta del gobierno argentino, sus dichos fueron relativizados por sus superiores, pero el mensaje quedó establecido.
Por otro lado, Hillary, nostálgica de las “relaciones carnales” entre el gobierno de su marido y el menemismo en los 90, ha combinado elogios con críticas hechas llegar a través de terceros sobre varios aspectos de la política kirchnerista.
¿Y si, más que la libertad de prensa, lo que preocupa en Estados Unidos es la situación de sus empresas con intereses en el país?

