Resulta que el crecimiento de la economía estadounidense en el segundo trimestre del año no había sido de 2,4%, como se había informado inicialmente, sino un mucho más magro 1,6%, tal la última revisión oficial.
Aunque al haber números positivos no puede hablarse de recesión, el riesgo de una recaída es cada vez mayor, y no se le escapa a nadie que la tendencia de la recuperación sobre un 2009 de catástrofe es débil y decreciente.
Wall Street, con todo, no reacciona en este mismo momento de manera negativa, ya que esperaba que la corrección fuera aún mayor y el crecimiento todavía más reducido. Se sabe: las cosas son buenas o malas según lo que se esperaba de ellas.
Pero todo esto tiene un impacto político, que será mucho más importante. Resulta interesante lo que plantea Paul Krugman hoy en The New York Times: Estados Unidos necesita un crecimiento de al menos el 2,5% para impedir que el desempleo siga subiendo. Toda cifra menor agravará el ya grave 10% de desocupación y ése es justamente el escenario para los próximos meses.
La cuestión es que a Barack Obama le va cada vez peor en las encuestas, en buena medida por los problemas económicos y la irritación que provoca la falta de trabajo. Se esperaba mucho de él, pero la crisis era muy profunda y muy angosto el desfiladero para superarla. La decepción hoy se impone.
Como dijimos en una entrada previa, Gallup acaba de registrar por primera vez un rechazo mayoritario a la gestión del demócrata (51% contra un respaldo del 42%) y una encuesta de Gfk-Associated Press indicó que el 61% de los estadounidenses cree que la situación económica es igual o peor que con George W. Bush.
Algo grave, sobre todo, si se considera que en noviembre el Presidente enfrentará las cruciales elecciones de mitad de mandato, cuando se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Así las cosas, es probable que el electorado vuelva a caer en brazos de los republicanos y rechazar a los demócratas, prefiriendo al pirónamo sobre el fallido bombero. En ese caso, el riesgo de estancamiento legislativo sería mayor y, aunque el título de esta entrada resulte algo exagerado, el Presidente podría comenzar a sentir el riesgo de un prematuro su ocaso.
Aunque al haber números positivos no puede hablarse de recesión, el riesgo de una recaída es cada vez mayor, y no se le escapa a nadie que la tendencia de la recuperación sobre un 2009 de catástrofe es débil y decreciente.
Wall Street, con todo, no reacciona en este mismo momento de manera negativa, ya que esperaba que la corrección fuera aún mayor y el crecimiento todavía más reducido. Se sabe: las cosas son buenas o malas según lo que se esperaba de ellas.
Pero todo esto tiene un impacto político, que será mucho más importante. Resulta interesante lo que plantea Paul Krugman hoy en The New York Times: Estados Unidos necesita un crecimiento de al menos el 2,5% para impedir que el desempleo siga subiendo. Toda cifra menor agravará el ya grave 10% de desocupación y ése es justamente el escenario para los próximos meses.
La cuestión es que a Barack Obama le va cada vez peor en las encuestas, en buena medida por los problemas económicos y la irritación que provoca la falta de trabajo. Se esperaba mucho de él, pero la crisis era muy profunda y muy angosto el desfiladero para superarla. La decepción hoy se impone.
Como dijimos en una entrada previa, Gallup acaba de registrar por primera vez un rechazo mayoritario a la gestión del demócrata (51% contra un respaldo del 42%) y una encuesta de Gfk-Associated Press indicó que el 61% de los estadounidenses cree que la situación económica es igual o peor que con George W. Bush.
Algo grave, sobre todo, si se considera que en noviembre el Presidente enfrentará las cruciales elecciones de mitad de mandato, cuando se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. Así las cosas, es probable que el electorado vuelva a caer en brazos de los republicanos y rechazar a los demócratas, prefiriendo al pirónamo sobre el fallido bombero. En ese caso, el riesgo de estancamiento legislativo sería mayor y, aunque el título de esta entrada resulte algo exagerado, el Presidente podría comenzar a sentir el riesgo de un prematuro su ocaso.
la salida de la crisis podría adoptar un rostro duro y más favorable a los intereses de la banca y el gran empresariado que a los de los consumidores y trabajadores.

