Son numerosas y crecientes en el mundo las voces que condenan la pena de lapidación impuesta en Irán a Sakineh Mohammadi Ashtiani, de 43 años y madre de dos hijos, por supuestamente haber tenido relaciones con dos hombres después de haber quedado viuda. La reacción internacional llevó al oscurantista régimen islamista de Teherán a presentar a la delincuente en la TV oficial, ocasión en la que reconoció las acusaciones en su contra y pareció involucrarse como partícipe involuntaria de la muerte de su marido, un cargo del que echó mano bajo aquellas presiones y con posterioridad a la condena por adulterio.
La mujer, que fue condenada por primera vez en 2006 y ya recibió 99 azotes frente a uno de sus hijos, es de origen azerí y no comprende bien el idioma persa, le lengua oficial, por lo que se estima que no pudo ejercer legítimamente su derecho de defensa. Según se denuncia, fue forzada a declararse culpable.
Luiz Inácio Lula da Silva ofreció asilo para la mujer, lo que fue respondido por el inefable Mahmud Ahmadineyad en el sentido de que no quería enviarle a su amigo brasileño semejante mujer.
A las voces condenatorias se sumaron esta semana las del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy… y la de su esposa, Carla Bruni. Esto último bastó para que la prensa oficial iraní desacreditara a la primera dama como “prostituta”, lo que ocurrió en diarios y en la televisión. Aludió para ello a sus “muchos amantes” previos y a “la inmoralidad de esa actriz y cantante depravada”.
Eso sí, el gobierno de Teherán “no aprueba los insultos a dirigentes de otros países, dijo el vocero de la Cancillería Ramin Mehmanparast. ¡Y después dicen que en Irán el régimen digita todo y no hay libertad de expresión…!
Bruni había osado afirmar que “Sakineh debe saber que mi marido defenderá su caso sin descanso y que Francia no la abandonará”.
Delicias del Irán de hoy.
La mujer, que fue condenada por primera vez en 2006 y ya recibió 99 azotes frente a uno de sus hijos, es de origen azerí y no comprende bien el idioma persa, le lengua oficial, por lo que se estima que no pudo ejercer legítimamente su derecho de defensa. Según se denuncia, fue forzada a declararse culpable.
Luiz Inácio Lula da Silva ofreció asilo para la mujer, lo que fue respondido por el inefable Mahmud Ahmadineyad en el sentido de que no quería enviarle a su amigo brasileño semejante mujer.
A las voces condenatorias se sumaron esta semana las del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy… y la de su esposa, Carla Bruni. Esto último bastó para que la prensa oficial iraní desacreditara a la primera dama como “prostituta”, lo que ocurrió en diarios y en la televisión. Aludió para ello a sus “muchos amantes” previos y a “la inmoralidad de esa actriz y cantante depravada”.
Eso sí, el gobierno de Teherán “no aprueba los insultos a dirigentes de otros países, dijo el vocero de la Cancillería Ramin Mehmanparast. ¡Y después dicen que en Irán el régimen digita todo y no hay libertad de expresión…!
Bruni había osado afirmar que “Sakineh debe saber que mi marido defenderá su caso sin descanso y que Francia no la abandonará”.
Delicias del Irán de hoy.

