El anuncio oficial impone repasar las consecuencias políticas, económicas y estratégicas de la malhadada guerra, tarea que sólo comienza cuando se cita la tragedia humanitaria que supuso en estos años para la población de ese país, y que seguirá representando en el futuro ante la persistencia del terrorismo. Un drama que no se agota en la contabilidad de muertos y heridos, sino que se prolonga en la hostilidad agravada entre Estados Unidos y el mundo islámico. También en las carencias de la reconstrucción, un proceso cruzado por enormes negocios en favor de compañías norteamericanas y por denuncias de desvío de dinero y corrupción que han sido validadas por las propias autoridades de los Estados Unidos.
La infraestructura del país sólo se ha reconstruido a buen paso en el plano petrolero, mientras los servicios de energía eléctrica, agua y saneamiento, salud y educación siguen lejos de los niveles de preguerra.
Así, sólo la actividad petrolera repunta. El resto de la economía sigue signado por la parálisis y un desempleo exorbitante del 50%.
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