Mucho se dijo en el pasado y puede confirmarse hoy acerca del enorme error estratégico que cometió Bush al lanzarse contra Irak. El problema para Estados Unidos e Israel no eran las fantasmales armas de destrucción masiva de Sadam sino Irán, su programa atómico y la posibilidad mencionada por la propia inteligencia estadounidense de que esté en condiciones de desarrollar “la bomba” en el próximo año. También el auge de la resistencia talibán en Afganistán, nido del terrorismo que irrumpió el 11-S en el que, se supone, sigue intangible Osama bin Laden. Y, no menos importante, el creciente derrame de esa insurgencia islamista en Pakistán, con el riesgo de que en el futuro ésta tome el poder en el único país musulmán que tiene hoy un arsenal nuclear.
Todos estos son los genios desatados por las políticas de Bush. Las mismas que Obama legitima al olvidarse de sí mismo.