Salvo en Alemania, Holanda y alguna que otra excepción, la crisis económica sigue haciendo estragos en el mundo desarrollado. A modo de un parte breve, consignemos las últimas noticias vinculadas con estos hechos:

  • El crecimiento económico que había comenzado a registrarse en la principal economía mundial se esfuma conforme Barack Obama, inquieto por el aumento del déficit y la deuda y sensible a la crítica de los sectores ortodoxos, retira los incentivos fiscales. Así, empeora la economía, se deteriora el panorama electoral de los demócratas para los comicios de mitad de mandato de noviembre y se ensaya un plan de infraestructuras para el que sólo se atina a establecer un primer e insuficiente aporte de capital de u$s 50.000 millones.
  • El desempleo sigue creciendo en Estados Unidos (cerca del 10%), en España (cerca del 20%) y en otros países.
  • Nicolas Sarkozy insiste con su reforma jubilatoria (llevar la edad mínima de 60 a 62 años –delicatessen del Primer Mundo- y aumentar los años de contribución), pero los sindicatos franceses le realizan hoy la que esperan sea la mayor jornada de protestas en años.
  • La medida es la antesala de la que vivirá España el próximo 29, una prueba de fuego para los planes de José Luis Rodríguez Zapatero de imponer sus medidas de ajuste y el plan de flexibilización laboral del FMI.
  • Mientras, estadísticas oficiales revelan que el 12,3% de la población española está compuesta por extranjeros, casi el doble del promedio europeo (6,4%), y que es, de hecho, el país europeo con un mayor número absoluto de foráneos residentes (5,65 millones), después de Alemania (7 millones) y por encima de Gran Bretaña, Francia e Italia. Para escándalo, desde ya, de opinadotes de derecha dura y comentaristas en los foros e Internet. Claro, nadie se oponía a su llegada cuando no había cómo cubrir los empleos (precarios) que se creaban y la inmigración era el modo más directo de abaratar los costos de la mano de obra. Ahora, con la economía en situación de fuerte reflujo, al diablo con todos ellos y con sus familias.

Por lo menos y afortunadamente, como la Argentina no está en crisis, portadas recientes acerca de la creciente presencia de extranjeros en villas de la Capital Federal deparó menos comentarios impresentables que los que uno habría imaginado…