Primero Hugo Chávez. Luego Rafael Correa y Evo Morales. Más tarde fue el turno de Cristina Kirchner y, más recientemente, el de Lula da Silva. Ahora es el turno de Barack Obama de peleas con los medios más conservadores de su país.
Es obvio que no se puede comparar los diferentes casos, ni los modos en que esos presidentes han lidiado con el tema. Igualmente es interesante destacar que parece un rasgo de época la coexistencia conflictiva de gobiernos que pretenden introducir medidas de transformación con los medios de comunicación tradicionales. En el caso de Obama, esas medidas pasan por los controles a Wall Street o la implantación de un sistema de salud nacional, medidas que finalmente se impusieron pero que salieron del Congreso con un cariz mucho más tímido debido a las resistencias que generaron.
El blanco fue otra vez la cadena ultraconservadora Fox, a la que anteriormente se había negado a darle entrevistas. Sólo que el tono fue particularmente duro, al punto que la acusó de enacarnar una visión «destructiva» para el país.
«Como presidente juré defender la Constitución y parte de la Constitución es la libertad de presa», dijo Obama, según consignó la agencia ANSA. «Tenemos en este país una tradición arraigada de una prensa a menudo orientada. La época de oro de la prensa objetiva duró un tiempo limitado. Fox forma parte de esa tradición. Es parte de la tradición de una prensa que tiene un fuerte, claro e innegable punto de vista. Es un punto de vista que no comparto», añadió.
«Creo que en definitiva es un punto de vista destructivo para el crecimiento de largo plazo de un país que tiene una fuerte clase media y es competitivo en el mundo», disparó.
Pero «si le preguntan al señor (Rupert) Murdoch cuál es su preocupación principal, su respuesta es que la Fox tenga éxito», admitió.
¿Fuerte, no?
