El momento de José Luis Rodríguez Zapatero difícilmente podría ser peor. La economía, la interna partidaria, la política nacional y las relaciones exteriores ponen a su gobierno en un momento de enorme sin precedentes.

La economía, pese a las promesas y a la vigencia reciente de una ley que abarata el despido y supuestamente debería favorecer la creación de empleos, no da señales positivas. Al contrario, según las últimas estadísticas, la desocupación creció 1,2% en septiembre y volvió a superar la barrera psicológica de los 4 millones de afectados. Pese a la mencionada ley, el gobierno localista admite que el desempleo seguirá en leve alza y en torno al 20% durante el año próximo.

El PSOE también cayó en crisis. La conducción del partido había apoyado a Trinidad Jiménez, ministra de Sanidad y Política Social y ex encargada de las relaciones iberoamericanas, para la candidatura a la Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. El problema fue que surgió un retador que desafió al aparato socialista, Tomás Gómez, y que, pese a que nadie le daba ninguna posibilidad de triunfo, rechazó las presiones para bajarse y terminó imponiéndose por amplio margen en la interna. El hecho desvela hoy al socialismo español. Si Rodríguez Zapatero no consigue alinear la interna partidaria ni orientar el voto de los afiliados, ¿debe ser el candidato partidario para las elecciones legislativas de 2012, como se ha asegurado hasta ahora?, se preguntan muchos.
Mientras, tras la última huelga general contra las políticas de ajuste y la reforma laboral, las encuestas muestran un vuelco a favor del conservador Partido Popular tan grande como no se recuerda en mucho tiempo en un sistema en el que derecha e izquierda suelen imponerse con ventajas estrechas. La brecha llega ya a 14,5 puntos porcentuales, lo que configura un escenario más que probable de cambio de signo en el poder.
Por último, acaba de estallar una bomba en materia internacional, con dos etarras detenidos que confesaron ante la Justicia haber recibido entrenamiento militar en Venezuela. El gobierno quedó en un brete, sin saber cómo reaccionar e incapaz de explicarle a buena parte de la sociedad porqué no adopta una actitud de extrema dureza y decide, en cambio, mantener las formas de una relación positiva.
Zapatero seguirá en el poder mientras quienes se preparan para sucederlo no vean que la crisis da signos de amainar. Entretanto, todos mirarán cómo paga todos los costos políticos posibles. La pregunta es solamente si la estocada final a su liderazgo se producirá o no antes del vencimiento de su mandato en abril de 2012.